Michel Leaño apela a su esencia, la belleza del juego

José Ángel Rueda

FOTO: Isaac Ortiz | Mexsport

Marcelo Michel Leaño tenía 20 años cuando conoció de cerca a César Luis Menotti. Con el futbol auténticamente corriendo por sus venas, el joven aspirante a entrenador estaba bien al tanto de las corrientes que habían revolucionado al futbol argentino unas décadas antes. El menottismo y el bilardismo llegaban cargados de un aire filosófico cuyo sentido no radicaba en la obtención de un resultado, sino en las formas. Las de Menotti priorizaban la construcción, mientras que las de Bilardo acaso apelaban a la destrucción. Leaño, siempre en busca de la belleza del juego, se inclinaba por el Flaco.

Por aquel entonces, Leaño ya sabía que en sus piernas no había lo suficiente para convertirse en futbolista, pero en la mente no hay límites, así que dibujó en ella una pizarra imaginaria donde anotaría los movimientos futuros. Si no era dentro de una cancha sería desde afuera.

La llegada de Menotti a los Tecos, en 2007, funcionó a modo de presagio. No fue raro que el joven quedara atrapado por el tono hipnótico del argentino, y esas palabras que atraviesan distraídas el humo denso del cigarro. Leaño observaba los entrenamientos del argentino. Lo veía mover las manos; imponer su estilo con la figura espigada, con la melena rubia cubierta con la gorra puesta hacia atrás, con el discurso del último Menotti estratega, el más sabio.

Fuera de la cancha, Leaño también propiciaba los momentos, por eso se ofreció a ser el chofer del argentino. Ahí, en la intimidad del camino, pudo conocerlo más a fondo. El Flaco estuvo apenas cinco meses al frente del equipo, dirigió 13 partidos, tiempo suficiente para convertir a Michel Leaño en su discípulo.

Entonces, con la premisa de que el futbol siempre puede ser más bello, Leaño siguió alimentando el sueño. Fueron buenos años para hacerlo. Los de Guardiola y el Barcelona y esas formas capaces de darle sentido a una idea, al punto de gestar la última revolución del juego, de la que Leaño, en la cima del idealismo y pese a la distancia, fue un caudillo. Años más tarde trabajó con Johan Cruyff en las Chivas de Guadalajara. Pese a lo efímero del proyecto, así como pasó con Menotti, las enseñanzas del neerlandés en las pláticas al borde de los campos de entrenamiento de Verde Valle fueron duraderas.

“A nivel entrenadores, soy un menottista, soy discípulo de César Luis Menotti, a quien conocí en Tecos. Trato de aprenderle todo. Aprendí de Johan Cruyff, Josep Guardiola es un referente para mí, porque es un potencializador de jugadores y porque apela a la belleza del juego”, dijo hace unos años, en entrevista con El Universal.

Los conceptos estaban aprendidos, pero había que ponerlos en práctica. Consciente del desafío que representaba entrenar el sistema, pese a su juventud, Leaño se hizo técnico a los 28 años. Más joven que algunos de sus futbolistas, entrenó a Venados, Coras y Zacatepec, en el Ascenso MX. Tres años más tarde se convirtió en el estratega más joven en Primera División, cuando dirigió al Necaxa, a los 31 años. Con los Rayos estuvo 19 partidos, en los que ganó siete, empató tres y perdió nueve. Ya desde antes sabía que el futbol de ahora, en su vértigo, pocas veces encuentra el tiempo para imponer un estilo, pero esa lucha amenaza con volverse eterna. Ya lo dice el menottismo, que la forma se prioriza por sobre todas las cosas.

Las imágenes del técnico charlando con sus jugadores son recurrentes. La escasa diferencia de edad suele presentar un doble filo, por un lado acerca posturas, normalmente insalvables, pero por el otro, se corre el riesgo de borrar las líneas que impone la jerarquía. Michel Leaño busca conocerlos, generar en la rutina la identificación, que se enamoren del juego tanto como él lo está. Lo mismo recurre a un poema de Neruda o a un cuento de Borges para plantear una idea. Sabe que sus palabras, normalmente elocuentes, lo pondrán más cerca del gol. Esa capacidad lo ha llevado a dirigir diversos proyectos en la cantera del Rebaño.

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“Estoy loco y me encanta saberme loco. Sueño con cambiar el mundo. Decía Steve Jobs que aquellas personas que creen que pueden cambiar el mundo, son las que realmente pueden hacerlo”.

La primera oportunidad para cambiar el mundo la tendrá este sábado, cuando las Chivas, ese equipo que constantemente suele aparecer en su destino, visiten al América, en una nueva edición del Clásico Nacional. De ganar, o de jugar bien, según sea el caso, Michel Leaño habrá modificado una parte de ese mundo, entonces todo nuevamente tomará sentido.

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