Ben Roethlisberger: así fue la carrera del histórico quarterback

José Ángel Rueda

FOTO: Reuters

Ben Roethlisberger encaró esta temporada con la consciencia plena de que era la última vez. Fiel a su esencia, ganó los partidos suficientes sin necesariamente jugar bien, pero su casta triunfadora le permitió alargar el año lo más que pudo, hasta que la realidad lo alcanzó, entonces llegó el final. El fenómeno con el mariscal de campo de los Steelers, sin embargo, es el que le toca a las leyendas, a los hombres capaces de cambiar la historia de una franquicia: nada empaña este final su legado, cristalizado en dos anillos de Super Bowl en 18 temporadas.

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El “Big Ben” es, o fue, de esa clase de quarterbacks en los que el resultado suele imponerse sobre las formas. En su carrera fue el mariscal de campo más golpeado de la historia, con 554 capturas, pero eso no le impidió sellar una estadística demoledora, la cual impone 165 victorias en los 247 partidos que jugó como titular. El resto de las cuentas arroja 81 derrotas y un empate.

Desde su llegada a la liga, en el 2004, cuando los Pittsburgh Steelers lo reclutaron como la decimoprimera selección global, y en la pizarra de los elegidos ya figuraban grandes nombres como Eli Manning y Philip Rivers, el “Big Ben” se encargó de dejar clara su estirpe. Un mariscal de campo cuyo físico le hacía honor al gran reloj británico, aquel que se mira desde toda la ciudad. Así era Roethlisberger dentro del emparrillado, que con su metro con 96 centímetros y sus 108 kilogramos imponía respeto.

El “Big Ben” desde el comienzo fue fuerza, pero también coraje. El poder del acero encontraba en su brazo algo de delicadeza. Las imágenes eran recurrentes, del quarterback que corre por su vida y en un momento de lucidez, entre toda la locura, encontraba al jugador libre. Pero otras veces no alcanzaba a escapar, y los golpes, de alguna manera, se irían acumulando.

Titular prácticamente desde el comienzo, Roethlisberger apeló al talento para recortar el tiempo de adaptación; mucho tuvo que ver el coach Bill Cowher, quien encontró en el joven egresado de la Universidad de Miami un buen prospecto para trabajar. Pero “Big Ben” necesitó poco, apenas en su segunda temporada llevó a los Steelers al Super Bowl, en una campaña de números discretos, con 17 touchdowns y nueve intercepciones. El partido grande, sin embargo, contó con su liderazgo, en un equipo plagado de veteranos como Jerome Bettis y Hines Ward. Aquel partido, Pittsburgh derrotó 21-10 a Seattle, en un duelo en el que Roethlisberger no lanzó touchdowns, pero consiguió uno por tierra, en una muestra más de su poderío físico.

La regularidad del mariscal de campo, por entonces, no hacía más que empezar. En todos sus años en Pittsburgh, el equipo de acero jamás tuvo marca perdedora, y se metió en 12 ocasiones a la postemporada. Como pilar de la franquicia, Roethlisberger fue clave en la transición del Bill Cowher a Mike Tomlin, en el 2007.

La estabilidad en la posición le permitió a los Acereros regresar al juego grande. Fue en la temporada 2008. Ben Roethlisberger una vez más dejó dudas en la campaña regular, al registrar 17 pases de touchdowns por 15 intercepciones. Todos los cuestionamientos, sin embargo, quedaron atrás en el juego por el campeonato, ante los Cardinals. Roethlisberger fue capaz de liderar una última serie ofensiva que le dio el título a los suyos, tras un pase quirúrgico a la zona prometida, que contó con una atrapada espectacular de Santonio Holmes. Su temple para sacar la victoria 27-23 y ganar su segundo anillo lo convirtieron en leyenda. Todavía tuvo Ben Roethlisberger la oportunidad de ganar uno más, en el 2010, pero en el camino se atravesaron los Packers de Aaron Rodgers. Después de eso nunca pudo volver a un Super Bowl.

La cuenta, inevitable cada que una carrera llega a su final, retrata a un quarterback que fue capaz de lanzar 418 pases de touchdown, 64,088 yardas, que vino de atrás en 41 ocasiones, que completó el 64.4 por ciento de sus pases, que tuvo un rating final de 93.5, pero sobre todo, narra la historia de un mariscal de campo que con sus actuaciones ayudó a convertir a los Steelers en una de las franquicias más ganadoras de la historia, al escribir su nombre al lado del gran Terry Bradshaw, el otro arquitecto de la gloria acerera.

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