Clases de Capoeira desde Salvador de Bahía

POR LUIS GARCÍA OLIVO

ENVIADOS ESPECIALES

SALVADOR DE BAHÍA.- Hablar de Brasil no solamente se trata de playas, futbol, samba, caipirinhas, rodizios, mujeres, Pelé, Cristo de Corcovado, carnavales, favelas, Copacabana, batucada, fiesta, amazonas, Mundial y un largo etcétera…

Ya que cuando uno pisa la suave arena de la playa de Ondina en Salvador de Bahía, recordamos y admiramos una de sus más grandes características por los que son conocidos a nivel Mundial, un deporte que se práctica día a día desde temprana edad y que mantiene el espíritu de los brasileños, dejando en claro que se trata de un deporte y no un arte marcial –o derivado- como muchos lo creen.

Sin el berimbau –música tradicional que sirve de fondo-, un pequeño grupo de ocho alumnos y su profesor exhibieron a ESTO una clase completita de Capoeira debajo de un sol que cayó aplomo y una arena que casi hirvió, pero ellos con coderas y rodilleras, y tan acostumbrados a las condiciones y gustosos por su aprendizaje compartieron sus rutinas y ejercicios para la lente, pues las imágenes hablaron por sí solas.

El grupo de alumnos lo integraron cuatro niños y niñas que iban desde los 12 hasta los 22 años, por lo que la energía nunca les paró. Antonia de Jesús, una de las pequeñas, de raza oscura y con trencitas, explicaba que un día quiere ser tan buena como el Profesor, Damata, pero para ello debía flexionar aún más su cuerpo, pues hoy en día es una atleta que está en pañales.

El Profesor Damata es tan bueno como los orígenes del Capoeria que datan del siglo XVI y ha visto el desfile de varias generaciones no solamente en Salvador sino en otros estados de Brasil, por eso hoy con Josefina, Antonia, Beira, Anatilha, Joao, Fermiao, Ducas y Prislas les imparte el mejor de sus conocimientos para ser una de sus mejores generaciones, pues después pasará a la profesión de la pesca.

Un ejercicio de calentamiento es el preámbulo para después enterrar una pequeña tabla  en la arena y junto a otro de sus alumnos tomar fuertemente sus brazos y comenzar a echar a volar a cada pupilo. Ejercicio que sirve –según el Maestro- para quitar el miedo, nervio y tensión.

Las acrobacias así comienzan, la rapidez y la exigencia corporal se refleja en cada golpe y hasta gota de sudor, los niños no paran, el maestro alza la voz y les pide dar más. Cambian de rutina y ahora toman vuelo, se levantan por el aire con un giro de casi 180 grados, sin importar caer con la cara clavada en la arena, así que después de sobarse el duro golpe también existen las risas porque es elemental el buen ánimo para un deporte así.

Maniobra tras maniobra, agilidad, patadas, giros, movimientos altos y cortos fueron parte del resto de la clase, del resto del conocimiento, pues buscan mejorar día a día con la espera de ofrecer un buen espectáculo el próximo domingo en una de las plazas principales de Salvador en donde con vestimenta blanca, berimbau y suaves alfombras reproduzcan lo que aprenden todos los días en la playa de Ondina.

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