Los tacones altos de las mujeres cobran más relevancia

POR ALEXIS GRIVAS
ENVIADO ESPECIAL DE OEM

CANNES, Francia.- Pareciera raro y seguramente algo inusitado para este festival, el hecho de que la noticia que acaparó los encabezados de los medios aquí en estas últimas cuarenta y cuatro horas, no tuvo que ver con las películas, las de la competición por lo menos, donde falta el gran filme que llevara la adhesión de todo el mundo, pero de esto hablaremos más adelante en esta nota de hoy. No pues.
La noticia fue la animada controversia que enfrentó a los medios y estrellas a los servicios de seguridad del festival. Por medio de todo esto, el famoso tapete rojo que atraviesan en ambiente ceremonial, con bombos y platillos pues… las delegaciones y los equipos de las películas en competición para acceder al Palacio del festival, la famosa sala Lumiere. Todo empezó cuando a un numeroso grupo de señores se les prohibió atravesar el tapete rojo por no traer zapatos de tacones altos. Los ánimos se encendieron, se habló de sexismo y de discriminación que contrasta con el hecho de que precisamente este año hay más películas dirigidas por mujeres en el certamen, además de que el festival mismo organizó una mesa redonda sobre la posición de las mujeres en el cine -Mujeres en Movimiento-, desde donde reportamos las declaraciones tajantes de Salma Hayek al respecto.
El asunto de los “zapatos” cobró más relevancia cuando la estrella de “Sicario”, Emily Blunt, sugirió durante la conferencia de prensa que todas las mujeres, amén las estrellas, deberían presentarse en el tapete rojo llevando zapatos y sandalias de suela plana, a lo que el director de “Sicario”, Villeneuve, agregó en plan de broma que otro tanto deberían hacer los hombres.
El servicio de prensa y la dirección del festival se encontraron acorralados; sus primeras reacciones fueron contradictorias hasta que apenas ayer la dirección dejó claro en un comunicado que la rigurosa etiqueta del festival para las ceremonias oficiales -smoking y nudo papillón para los hombres, vestido de gala para las mujeres- no incluía alguna precision especial para los zapatos de las señoras.
Fin del asunto apenas el día de ayer. Victoria de las zapatillas contra los tacones, y regresamos a la competición, donde me temo que no hay nada positivo que agregar.
Los últimos dos filmes en competencia el día de ayer no fueron la excepción de lo que parece perfilarse ya como tendencia en la competición de este año, filmes de cineastas de renombre que no cumplen con las expectativas suscitadas al anunciarse el programa del festival.
El italiano Paolo Sorrentino -premiado tanto aquí como con un Oscar por “La grande belleza” en 2013, regresa con “Juventud”.
Se trata de un filme de temática similar a “La grande belleza”. En aquella, la mirada era de frustración, desánimo y cinismo por parte de un escritor italiano quien participa en la vida nocturna y mundana romana, a la vez que la critica mientras se aprovecha de ella para seguir en el ajo.
En “Juventud”, dos amigos retirados, un famoso director de orquesta inglés (Michael Caine) y un conocido cineasta (Harvey Keitel), se reúnen para unas vacaciones en un hotel de lujo en los Alpes suizos. Ambos tratan de enfrentar lo mejor que pueden las penas, físicas y morales, que se acumulan con la vejez, a la vez que entre chistes y chismes, se libran a consideraciones filosóficas sobre la vida y sus recuerdos de juventud, mientras que alrededor suyo la juventud de los cuerpos y de las actitudes de mujeres y jóvenes, clientes del hotel, sirven como un espejo de una realidad que para ellos ya es un pasado.
El problema con la película o más precisamente con la realización de Sorrentino es la falta de una narrativa coherente, construido a base de lo que parecen una serie de “episodios”, unos mejor logrados que otros, el filme cae muy rápido a la planitud, deja de interesar y sobre todo no crea unos caracteres con los que el espectador logre simpatizar; el conjunto parece más una heterogénea amalgama de cuadros, mientras que la impresión final es de una película que se sitúa por debajo de “La grande belleza”, filme que, debo admitir, tampoco me había entusiasmado.
Igual de repetitivo y sin empuje respecto a los filmes anteriores de su realizador Jia Zhang-Ke, sobre todo “El toque de pecado”, 2013, resultó la producción china “Las montañas pueden moverse”, un largo y algo tedioso drama psicológico con caracteristicas de melodrama.
Temáticamente el filme contiene elementos interesantes respecto a la realidad social china desde los finales del siglo pasado hasta el día de hoy (la eclosión de una clase media que se enriqueció de manera rápida y descomunal, la brecha entre esta clase y aquella baja, la apertura de los pudientes hacia el extranjero en búsqueda de nuevas experiencias y modos de vida occidentales…). Desgraciadamente estos elementos pierden relevancia y fuerza ahogados dentro de una narracion lenta y repetitiva.
Por otro lado, tampoco faltaron el día de ayer y sobre todo en las secciones paralelas, estrenos de películas desde lejos mucho más interesantes que aquellas en competición.
Fueron estos los casos de “Canciones que mis hermanos me aprendieron”, donde la joven chino-americana Chloe Zhao cuenta en esta su primera película con mucha sensibiildad la vida de unos jóvenes en una reserva de indios americanos y su búsqueda de trabajo que a lo mejor les obligara a dejar sus tierras y costumbres ancestrales y emigrar a Los Ángeles.
Fue presentada en la Quincena de Relizadores, como fue también el caso de otra primera obra igualmente de mujer realizadora, “Mustang”, donde la joven turca Deniz Gamze Erguven combina eficazmente el tono ligero, el humor y lo trágico del asunto en una historia que desarollada en una parte de la provincia turca, presenta las tradicionales y aún existentes duras condiciones y costumbres de las que son víctimas las mujeres.
La “tripleta” feminista de la Quincena se acompletó con dos películas marroquís: “Fátima”, donde el francés de origen maroquí Philippe Faucon narra la vida de una madre de familia marroquí emigrada a París quien trata, separada de su marido, de subsanar las necesidades de sus dos hijas, mientras que Nabil Ayouch centra su historia en el ambiente de la explotación de las mujeres y de la prostitución en Marrakech.
Finalmente en la Semana de la Crítica, “Krisha”, primera obra del estadunidense Trey Edward Shults, resultó ser el poderoso y desquiciador retrato de una señora de edad media, “Krisha”, quien trata en vano de reconectarse con su ambiente familiar con el pretexto de unas vacaciones.
Excelente la actriz Krisha Fairchild en el homónimo, patético y desgarrador personaje principal.

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