Hasta luego, maestro Jacobo Zabludovsky

Mexico, 2015-07-03 10:18:34 | Fernando Schwartz

FOTOS ARCHIVO: FOTOTECA, HEMEROTECA Y BIBLIOTECA “MARIO VÁZQUEZ RAÑA”

“¿Y AHORA con qué vas a escribir?”, me preguntó Jacobo Zabludovsky cuando en 1979 llegué con el tobillo enyesado a la redacción.
Ese era el humor de Jacobo con todos y cada uno de sus colaboradores. Desde el Wagen, quien aún vende en Televisa refrescos y panes en su pequeña e histórica miscelánea. Así era con el “Copetes”, quien le boleaba a diario sus zapatos. Lo mismo le hacía una broma o jugaba con don Marcial, que cuidaba celosamente la puerta del Estudio J, donde 24 Horas vivió sus épocas de gloria.
Ese era Jacobo. Humilde, siendo el más grande periodista que ha existido en la historia de la televisión mexicana.
Su puerta siempre abierta. Su oficina plagada de históricas fotos de sus grandes logros. Afuera de su oficina, las hermanas Garnica, Lupita y Lola, atendiendo, al igual que Socorro. El maestro salía a la redacción. Se acercaba a los reporteros y hablaba, conversaba. Nota que él no autorizaba con sus taches y lápiz en el Dito (hoja con calca morada para imprimir), no iba al aire. Lo mismo con los guiones de quienes estábamos con él todas las noches: Lolita Ayala y un servidor. Antes, Jorge Berry, y después Beto Murrieta. Una vez en ese Estudio J, el jefe me compartió: “¿Sabes qué, niño? Siempre me sudan las manos cuando voy al aire. Al que no le sudan no es una persona responsable con su público”.

Siempre en el estudio, al lado del escritorio y fuera de cámara, su incomparable esposa y compañera Sarita, que tejía y tejía, mientras Jacobo daba las noticias a toda una nación y a la Unión Americana. Fue el creador del periodismo electrónico y forjador de generaciones que hoy le estamos agradecidos, ya que sin su sapiencia y consejo oportuno, no hubiéramos sabido caminar, recorrer y crecer en el mundo del periodismo televisivo y de donde aprendimos a ramificarnos en radio y prensa escrita.
Jacobo, el estricto, el exigente, pero por más enojado que estuviera o algo no le gustara, nunca levantó la voz ni usó palabras inapropiadas.
Un día, mi escritorio se cayó al aire mientras narraba las imágenes. Al volver en cámara y ya estar sentado, Jacobo dijo al aire: “El niño se cayó, pero el escritorio está bien”.
Recuerdo cuando nos visitó Muhammad Alí, y Jacobo por bromear le dijo: “Creo que Leon Spinks es mejor que usted”. Alí lo levantó de la corbata y nunca lo vi tan pálido, con una sonrisa nerviosa. Siempre queriendo tener lo mejor cuando en enero de 1982 Maradona vino a México. La orden fue tajante: “Vete al aeropuerto por Maradona; si no regresas con él, no vuelvas”. Ese era el espíritu combativo de un jefe que sabía exigir, pero sabía recompensar en el momento adecuado.
Anécdotas puede haber miles. Siempre adaptó al equipo a su estilo. Tuvo de la vieja guardia a Pérez Verduzco, Graciela Leal, Miguel Reyes Razo, Félix Cortés, Joaquín López Dóriga, Norma Meraz, Juan M. Rentería, Guillermo Herrera, y supo adoptar a los nuevos que llegamos en 1977 para sumarnos a él, como Ana Cristina Peláez, Phillip Bac, Paco Ramírez, María Elena Leal, Julieta Berganza, Elda Sánchez Gaytán, Laura Martínez, Amador Narcia y más compañeros que sería difícil citar a todos.
Jacobo estaba en todo. Desde su teléfono del escritorio, constantemente se comunicaba a cabina de producción para dar instrucciones o para quitar notas. Muchos años con la dirección del “Demonio” Vega y después con los López, Pepe Romero, Rubén Mancilla. En el momento más tenso y difícil siempre manejaba una fina ironía para distraer la tensión en el ambiente y vacilaba mucho con la cámara dos, que lo tomaba de frente, manejada por Arturo Villanueva, el “Villano”, y bromeaba mucho con la uno, manejada por Juan Wilburn.
Jacobo enseñó y conquistó. Con una plática y conversación exquisita. Con una memoria infinita y una cultura que cualquiera de nosotros envidiaría. Nos enseñó el manejo del lenguaje sencillo en la información y el preferir perder la noticia de no estar confirmada, para no decir una mentira.
Abraham, su hijo, le siguió los pasos en el periodismo. Jorge y Diana se dedicaron por otro lado, pero siempre al pendiente de su famoso papá, que fue un extraordinario jefe de familia y un abuelo consentidor. Todavía laboró hace pocos días en Radio Centro, estuvo en Cuba con Beto Murrieta y la humildad que siempre manejó le acompañó hasta su último día. Y ayer a la una de la tarde, fue sepultado, para que este icono del periodismo televisivo informativo, al paso de los años se convierta en leyenda y muchas generaciones sepan de él.
QEDP Jacobo… El hombre que siempre persiguió la noticia y que este 2 de julio fue la noticia que nos movió a todos, como cuando él daba las órdenes.