Deslumbra Diego Urdiales;  con toros del Tajo y la Reina

PAMPLONA, España.- Debutar en San Fermín implica hacerlo dos veces: por la mañana y por la tarde. Y hay que tener cuerpo para aguantar ambos retos. El primero, por las calles, a galope puro entre la muchedumbre; el segundo, en la plaza, en veinte minutos de exigencia individualizada. Y puede suceder que no haya fondo para dos esfuerzos tan seguidos. Eso le pasó a la corrida de Joselito, bajo los hierros de El Tajo y La Reina, cuyo gas se acabó a partir de los Corrales del Gas, a eso de las 8:03 AM. De aquella carrera compacta y frenética no quedó nada para la tarde. Sí acaso, una punta de calidad que asomó entre los pocos resquicios que dejó la falta de vida de sus ejemplares. Un punto por encima del límite de las caídas; varios por debajo del que pide el espectáculo en Pamplona. En otra plaza, con otra exigencia, con sólo una vara ya, pero cuenta el aquí y el ahora. Y el resultado decepcionó, cosa que no hizo Jiménez Fortes, cada vez más torero, más sosegado. Le funciona bien la cabeza al malagueño y se vio en su faena al tercero, por la que rozó una oreja. A Diego Urdiales le tocó el toro de más opciones, quizá, el primero y sin embargo estuvo mejor con el cuarto, frente al que no le echaron cuentas. Y a Morenito de Aranda le tocó salirse de su registro para buscar lo que no tuvo su lote. Bajó la presencia con el tercero que, por contra, fue un toro bien hecho. Humillador desde salida, dejó ver el buen capote de Fortes, a más reposo. ‘Estanquero’, que así se llamaba, no quiso caballo -ni él ni sus hermanos- antes de que Urdiales quitara con gusto por chicuelinas. Ya en la muleta, el malagueño buscó fijar al toro de inicio, situado en la media distancia y tirando de él con limpieza por el pión derecho. Así construyó en varias tandas macizas de ‘cero’ violencia en los cites. Perdió eco al natural, toro y faena a menos, antes de un cierre de rodillas de infarto. Dándole todas las ventajas al toro, Fortes renunció a una escapatoria fácil y, por eso, al repetirle el toro, le tiró, pasándole por encima en el suelo. No hubo duda en el malagueño. ‘¿A la primera no? Pues a la segunda sí’. Y ahí estuvo él, de nuevo de rodillas, y de nuevo a punto de… Esta vez sí evitó el percance. Un final excelente para conseguir captar todas las atenciones. Se contaba con la oreja, pero la espada no entró de primeras y eso lastró su balance, que quedó en vuelta al ruedo tras petición. Más feo de tipo, el sexto fue otro de los que mostró calidad, pero esa virtud quedó tapada por mayores defectos: falta de raza y esa paradigmática falta de fondo que marcó la tarde. Con tales elementos todo quedó a medias. Y en ese tránsito se vio a Fortes de nuevo tranquilo, sin atacarse, y resolviendo bien cuando acertó a llevar al de El Tajo por abajo. Así hubo buenos momentos al natural dentro de una faena larga, variada en distancias y de transmisión reducida, pues a esas alturas, las peñas ya habían desconectado. El primero, con el hierro de La Reina, algo cuesta arriba y acapachado, marcó pronto su buena condición. Humilló en el capote de Diego Urdiales y lo hizo también en su muleta, a la que respondió con prontitud. De menos a más en intensidad, en una labor de fondo, el riojano se fue confiando para, a mitad de faena, lograr buenos momentos al natural. El cierre, más en corto por el pitón derecho, fue muy celebrado. Tras media y descabello saludó una ovación. Y sin embargo, no lo hizo en el cuarto, con el que estuvo más metido desde el primer momento. Muy abierto de cara este ‘pavo’ alto, llegó sin apenas ‘gas’ al último tramo y en su limitación no lució la calidad que sí apuntó. Con él estuvo bien Urdiales, sin poder ligarle, pero dando importancia a cada muletazo por ambos pitones. No era la faena deseable para el llamado ‘toro de la merienda’, con el tendido a lo suyo, que básicamente viene a ser magras con tomate. A Morenito de Aranda no le pesó tirarse de rodillas en sus dos toros. Al alto segundo lo vio rápido con el capote, luego de dos largas, aunque el de La Reina tendía a revolverse rápido. A la muleta llegó con el defecto de su falta de ritmo en las embestidas. Alternaba una buena con otras más deslucidas; todo ello, aparte de mostrar su poca fuerza. Así, todo fue imposible para Morenito más allá de dar forma una labor larga, afanosa, y nuevamente, con la apuesta por el toreo de hinojos, esta vez para comenzar en los medios. Cerró su lote con uno serio y con caja, bien hecho en conjunto, el que hizo quinto. Luego de varios resbalones en el primer tercio -muy blando el ruedo- galopó en banderillas, donde dio importancia al tercio de David Adalid que, de confiado, se vio en un susto al apretarle el toro hacia tablas. Ahí terminó por agotarse, porque, muleta en mano Morenito, vio como no completaba ni una embestida. Sin tener mala condición, sin hacer extraños al torero, tampoco tuvo resistencia para ir hasta el final en una tanda. Siempre a medias. Al burgalés sólo le quedó tirarse de rodillas para que al menos el público pudiera reconocerle ese mérito.

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