Juan Pablo Herrera se jugó la vida

POR HORACIO SOTO CASTRO
FOTOS: ALBERTO MONTALVO

AL salir el tercer novillo del tercer festejo de la temporada en la Plaza México se desfondó el cielo y cayó una tromba como nunca se había visto en el coso capitalino, o más bien no se veía nada de lo tupido que estaba el aguacero que caía en diferentes direcciones, con viento huracanado, que hizo volar paraguas y capas con que se estaban cubriendo los asistentes.
No dejó de caer el líquido elemento por espacio de 15 minutos y dejó el ruedo en una auténtica alberca; finalmente, toreros y autoridades se pusieron de acuerdo y se suspendió el festejo a las 18:05 minutos, pues el redondel era un barrizal, imposible para torear.
Sin embargo, el jovencito Juan Pablo Herrera, de la Academia Municipal de Aguascalientes, que hacía su presentación, tuvo la hombrada de permanecer en el ruedo a pesar de su integridad física y así lidiar al novillo de De Haro (90, Mil Canciones, con 426 kilos) y cuajarle una faena de altos vuelos teniendo que enfrentarse al aguacerazo, el viento y al novillo, y no aflojó en ningún momento su actitud de demostrar que quiere ser torero. Se le vio el valor, sus deseos y a pesar de las condiciones climatológicas pudo demostrar su tauromaquia.
Si el juez hubiera valorado el momento, le premia con una oreja sin necesidad de que el público la solicitara, pero le hicieron dar una vuelta cuando había amainado la lluvia.
Juan Pablo Herrera poco pudo hacer con el capote por el agua que caía. Le sacó muletazos de calidad y ahí estuvo en la cara del novillo hasta que le sacó la faena. Se tiró a matar y terminó pronto. No había seguridad ni en el novillero ni en el novillo, pero concluyeron su labor.
Y más que mérito hay que alabar el valor de Juan Pablo, que nunca movió los pies. Las zapatillas las tenía clavadas en la arena. Realizó el péndulo y muletazos por ambos lados con temple y largueza. Señaló un pinchazo antes de la estocada. Tuvo petición de oreja (con silbidos porque los aficionados no podían sacar los pañuelos).
LOS ALTERNANTES
El zacatecano Édgar Badillo no tuvo la suerte con el novillo que le correspondió en el sorteo. Deslucido, descastado, siempre con la cabeza arriba, pero caminó, y por parte de él hay que decir que le faltó entrega en su labor. Toreó bien a la verónica y cubrió el tercio de banderillas. Le dio muletazos que no tuvieron eco. Mal con la espada y escuchó un aviso. Silencio al retirarse y palmearon al novillo.
El tlaxcalteca Emilio Macías toreó por piernas, pero estuvo variado con el capote en quites. El novillo fue bravo y emotivo y caminó bien por los dos lados, pero a Emilio le faltó llevarlo y templarlo y sufrió muchos enganchones. Aunque hay que anotar que tuvo muy buenos momentos por ambos lados con temple y largueza, principalmente los naturales. Dejó una estocada y en el segundo viaje lo prendió el novillo y lo trajo como pelota en los pitones y escuchó un aviso.

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