Más vale prevenir, que lamentar

 

Tensar tanto la cuerda resulta sumamente peligroso. Y en ese sentido, es urgente que tanto las selecciones nacionales como los clubes cedan en sus intereses para llegar a un acuerdo y dar no sólo un descanso, sino un mejor trato a los jugadores, los protagonistas y quienes desde hace años se han llevado la peor parte, especialmente tras la irrupción de la pandemia del Covid-19. 

 

POR HUGO SÁNCHEZ

 

Menos partidos, pero de mayor calidad. Es el lema con el que FIFA desea dar paso a un cambio que, indiscutiblemente, es más que necesario en el futbol. 

Sin embargo, del dicho al hecho hay mucho trecho, sobre todo cuando debe convencer a propios y extraños de que su apuesta es la indicada, mientras clubes y selecciones nacionales se pelean a los jugadores como si se tratara de una competencia de jalar la cuerda.

Para algunos, secuestrados y privados de representar a sus selecciones nacionales; mientras que para otros son resguardados por sus clubes, lejos del riesgo que implica realizar viajes de continente a continente en tiempos de pandemia. 

Una disputa en la que FIFA tuvo que intervenir, primero, para avisar a los clubes que están obligados a ceder sus jugadores; y después para convencer a las selecciones nacionales de que desistieran en su petición de sancionar a todos aquellos que fueron convocados y no se reportaron.

Pero nadie, hasta ahora, se ha detenido para ver realmente qué es lo que piensan o quieren los jugadores, quienes, sin deberla ni temerla, deben sentarse y esperar que otros decidan por ellos para saber si pueden o no viajar de última hora; más allá de los técnicos que han levantado la voz para exigir que el calendario de competición les permita tener un descanso tan justo como necesario. 

No hay jugador que no tenga o haya tenido la ilusión de representar a su selección nacional, pero tampoco se puede pretender que sean máquinas. 

Tampoco hay jugador que no necesite descanso, así como tiempo de calidad rodeado de sus seres queridos. Ni siquiera el propio Cristiano Ronaldo, conocido por su ambición de disputar cuanto partido pueda y que, además, es sumamente disciplinado en su estilo de vida fuera de la cancha. 

Le costó trabajo y algunos disgustos con sus técnicos cuando fue mandado al banco de suplentes, pero finalmente aceptó que a sus 36 años debe evitar correr ciertos riesgos. 

Aún más difícil será, al parecer, que los responsables en tomar las decisiones entiendan la imperiosa necesidad de darles descanso a los jugadores. 

Es cierto que a raíz de la pandemia ha habido pérdidas millonarias, pero atiborrar el calendario con partidos que en su momento no pudieron disputarse, además de nuevas competiciones o la ampliación de equipos en los ya existentes, no es lo correcto.    

Es justo ahí donde la FIFA se contradice, aunque tampoco ha tenido oportunidad de explicar a detalle, por ejemplo, como sería un Mundial cada dos años en lugar de cada cuatro; o cómo será con 48 selecciones nacionales, 16 más que las que actualmente participan. 

Mientras tanto, la UEFA ya advirtió que si se celebra cada dos años, a partir de 2028, las selecciones de Europa no participarían. Y entonces pregunto qué culpa tienen los jugadores, quienes se verían privados de cumplir un sueño. 

Si la propuesta de FIFA incluye la desaparición de un torneo como la Copa Oro, entonces, de entrada, sí que valdría la pena escucharla antes de sacar conclusiones. 

Es un hecho que lo ocurrido el fin de semana, con jugadores importantes como Lionel Messi en las gradas mientras su equipo está en la cancha, no debe repetirse. 

Muchos de ellos regresaron de sus selecciones nacionales el día anterior al partido de su equipo, que, en su mayoría, tuvieron la prudencia y el acierto de darles un pequeño respiro para no arriesgarlos a lesiones. 

Las Fechas FIFA están hechas para eso, para que los clubes puedan desprenderse de sus jugadores sin tener que hacer frente a partidos, con la confianza de que a su regreso tendrán oportunidad de reponerse. Sin embargo, el tiempo cada vez es menor, ahora prácticamente inexistente, como las pretemporadas, que antes eran de dos o tres semanas y ahora, a duras penas, es de sólo una.

Al final, de tanto tensar la cuerda, siempre se revienta.  

 

¡Que te lo digo yo!

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