Ajo y agua

Ajo y agua

POR HUGO SÁNCHEZ

Tuvieron que pasar ocho años para que volviéramos a celebrar que un jugador mexicano se proclamara campeón de goleo en nuestro futbol.

Lo que debería ser algo habitual, parece más un hecho raro, pues desde que Ángel Reyna lo consiguió en el Clausura 2011, con 13 anotaciones para las Águilas del América, ningún otro futbolista mexicano se había proclamado como máximo goleador del torneo nacional.

Es ahora Alan Pulido, delantero de las Chivas Rayadas de Guadalajara, quien rompe con el dominio impuesto por un uruguayo, tres ecuatorianos, un chileno, un paraguayo, dos argentinos, un brasileño, tres colombianos, un francés, un peruano y hasta un caboverdiano.

Estoy de acuerdo en que la llegada de jugadores extranjeros aumenta la calidad de nuestro futbol, y que la competencia hace que los futbolistas mexicanos tengan mayor nivel.

Sin embargo, la necedad de algunos directivos de nuestro futbol, al no ceder en la intención de reducir el número de plazas para jugadores extranjeros, ha provocado que esa competencia deje de ser sana y se vuelva desleal.

Incluso hace pensar que el futbol mexicano atraviesa por un momento sumamente complicado, en el que los delanteros nacionales no tienen la calidad necesaria para ser referentes de sus equipos.

Pero quienes no nos vamos con la finta, sabemos perfectamente que en las canteras de los equipos hay jugadores de muchísima calidad, a los que sólo les hace falta recibir un espacio para mostrarse.

Lejos de darles la confianza, lo que sus propios equipos hacen es limitar el espacio con la llegada de gran número jugadores extranjeros, de quienes insisto que no estoy en su contra, pues de hecho reconozco la calidad que poseen muchos de ellos. Sólo recalco la forma desmedida en la que han llegado al futbol mexicano, que de seguir así debería dejar de llamarse la Liga MX para pasar a ser la Liga de las Naciones.

Lo ideal sería que el límite de jugadores extranjeros en nuestro futbol fuera de cinco plazas. Además de establecer que al menos hayan disputado 20 partidos con sus respectivas Selecciones Nacionales para asegurar que realmente merecen venir al futbol mexicano, en lugar de jugadores mediocres que sólo le quitan un puesto laboral al mexicano.

Por todo lo anterior, es aún más meritorio lo logrado por Alan Pulido, quien, no obstante, tiene que compartir con el argentino Mauro Quiroga, delantero de los Rayos del Necaxa, la distinción de máximo goleador del futbol mexicano, que por cierto no tiene ningún nombre, a diferencia de otros países, en los que hacen honor a quien lo merece. Sería buena idea ponerle un nombre a este gran reconocimiento, por ejemplo: Héctor Hernández, Horacio Casarín o Salvador Reyes.

En los últimos 40 años, desde que compartí el título de goleo con mi compañero de equipo, el brasileño Cabinho, con 26 tantos cada uno; se han presentado otros tres casos en lo que un mexicano comparte el cetro.

Por ciento, no conozco algún otro caso en la historia del futbol en el que dos jugadores del mismo equipo se hayan adjudicado la deseada distinción en la misma temporada.

Los mexicanos Sergio Lira (Tampico Madero) y Francisco Javier Cruz (Monterrey), lo compartieron en la temporada México 1986, con 14 tantos cada uno.

En el Verano de 2000, el mexicano Everaldo Begines (León), el uruguayo Sebastián Abreu (Tecos) y el ecuatoriano Agustín Delgado (Necaxa) lo hicieron, también, con 14 goles cada uno.

Posteriormente, en el Bicentenario 2010, el mexicano Javier Hernández (Chivas) lo hizo con el estadounidense Hércules Gómez (Puebla) y con el peruano Johan Fano (Atlante). Cada uno de ellos firmó 10 anotaciones.

Finalmente se da el caso de Alan Pulido, quien, con su doblete en la victoria del sábado frente al Veracruz, llegó a 12 anotaciones en 1599 minutos de juego, 103 más que Mauro Quiroga.

La diferencia yace en que Necaxa sí clasificó a la Liguilla, ubicado en la posición cinco; mientras que Chivas quedó fuera de la fiesta grande, en el peldaño 10, a sólo dos puntos de la zona de clasificación. Con este, ya son cinco los torneos en los que el club tapatío no logra avanzar a las eliminatorias del futbol mexicano.

Es triste que Alan Pulido no pueda seguir adelante en la competición, por lo que incluso ya amagó con la posibilidad de dejar al Rebaño Sagrado, al que llegó hace poco más de tres años, repatriado desde el futbol de Grecia.

Ese es el precio que Chivas ha tenido que pagar al querer mantenerse fiel a su tradición de sólo jugar con futbolistas mexicanos. Así de injusto puede llegar a ser el futbol, aunque en ningún otro lado es tan contradictorio como en nuestro amado México.

Lo vivimos hace ya dos años con el futbol de Italia, cuando su Selección Nacional quedó eliminada camino al Mundial de Rusia 2018 por primera vez en su historia desde 1958.

La respuesta de sus directivos fue inmediata, y juntos decidieron volver a sus raíces al apostar por el futbolista nacional en lugar del extranjero. Lo cual terminó por pagar el defensor mexicano Héctor Moreno, fichado por la Roma, uno de los equipos más representativos del Calcio.

Y es que, sin demeritar la calidad del canterano de los Pumas de la UNAM, llamó mucho la atención su llegada a un futbol en el que los defensores parecen darse a borbotones.

Y ya mencionado el conjunto universitario, al que hice bicampeón como técnico y con el que anoté muchos goles en una de las mejores etapas de mi vida personal, me da mucha pena no verlo en la Liguilla, como también me da el hecho de no ver a ninguno de sus jugadores en la Selección Nacional.

Deseo, de verdad, que la inversión que en los últimos años se ha hecho en infraestructura dé frutos cuanto antes, ya que ha pasado un año desde que lo vimos por última vez en la Liguilla.

 

¡Que te lo digo yo!

 

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