Ajo y agua

Ajo y agua

Gran orgullo nos hizo sentir Monterrey con su tercer lugar en el Mundial de Clubes tras vencer el sábado pasado, en la definición de los penaltis, al campeón de la Liga de Campeones de Asia, el Al Hilal.

Que lo anterior no se interprete como conformismo, pues nada me hubiera gustado más que ver a un equipo mexicano disputar la final del Mundial de Clubes, pese a que Monterrey es de los planteles que más jugadores extranjeros tiene en sus filas.

Pero debemos aceptar que Concacaf no tiene los mismos privilegios que UEFA o incluso Conmebol. Privilegios que, aclaro, se han ganado sobre el terreno de juego a lo largo de la historia.

Lo digo porque el destino de los equipos mexicanos parece marcado a siempre conformarse con el tercer lugar, al menos bajo este formato, en el que los campeones de la Champions League y de la Copa Libertadores son acomodados de una forma en la que puedan enfrentarse en la final.

A espera de la reforma al torneo, que entrará en vigor a partir de 2021, la historia pudo ser otra si Monterrey se hubiese enfrentado al Flamengo en lugar del Liverpool, al que, quiero resaltar, le jugó con atrevimiento hasta el último minuto del partido, en el que Roberto Firmino apareció dentro del área para anotar el gol del triunfo en las semifinales, instancia a las que el conjunto inglés accedió automáticamente gracias a su condición de campeón de Europa.

El desgaste que los dirigidos por Antonio Mohamed sufrieron en el partido previo, contra el anfitrión Al Sadd, fue evidente, y se reflejó con la desatención defensiva que Firmino, quien prácticamente acababa de entrar de cambio, aprovechó para decretar el 2-1 final.

Como lo mencioné la semana pasada en este espacio, Rayados debía poner atención en su defensiva ante Liverpool, y penosamente fue esta línea la que falló en el último suspiro, cayendo junto a ella la ilusión de que un equipo mexicano llegara a la final del Mundial de Clubes por primera vez en la historia.

Y no fue porque el conjunto regiomontano no haya trabajado en ello, simplemente fue por la falta de experiencia frente a rivales que exigen mucho más de lo que estamos acostumbrados en la Concacaf.

A eso me refiero cada vez que insisto en que el futbol mexicano debe ceder en su calendario de competencia para tener la oportunidad de disputar torneos sudamericanos, como lo es la Copa Libertadores, a nivel de clubes; y la Copa América, en Selección Nacional.

Hacerle entender esto a la Federación Mexicana de Futbol sería digno de un milagro de Navidad. Pero como eso no pasará, sólo queda ponerse cómodos y disfrutar la final del Apertura 2019 de la Liga MX, que Monterrey debió disputar hace poco más de una semana frente a las Águilas del América, y que por evidentes razones tuvo que posponerse.

A su regreso desde el lejano Qatar, Monterrey sólo tendrá unos días para recuperarse y preparar la final de ida, que se disputará el próximo jueves en la Sultana del Norte, en punto de las 20:36 horas.

Por su parte, América tuvo todo este tiempo para preparar el duelo, incluso le sirvió con la recuperación de los jugadores que presentaban algún tipo de molestias. Su objetivo fue el de no perder el ritmo de competencia, que, no obstante, sí trae Rayados de Monterrey.

Insisto, lo que para unos es ventaja, para otros es todo lo contrario. Lo único cierto es que son situaciones y factores que no deberían presentarse.

Tan fácil que habría sido programar una fecha doble durante alguna de las Fechas FIFA en lugar de partidos amistosos, incluso fuera del país, de los que poco o nada hay que rescatar.

No se trata de descubrir el hilo negro, sólo de tomar las decisiones acertadas y anteponer lo deportivo ante lo económico para no dejar ir los pesos por cuidar los centavos.

Igual de orgullo sentí en mi regreso a Madrid, donde, acompañado de mi familia, me reuní con mis suegros, mis cuñados y mis amigos.

Lo curioso es que, contrario a lo que sucedía cuando era jugador e iba de vacaciones a México, ahora regresé a la que también es mi casa para recargar energías, así como para volver a sentirme reconocido, admirado y valorado por todos mis logros en el futbol español.

Tuve la oportunidad de asistir al último partido del Real Madrid en 2019, frente al Athletic de Bilbao, y que era necesario ganar para seguir igualados en puntos con el Barcelona en el liderato de la Liga española.

Florentino Pérez y Emilio Butragueño, como siempre, nos invitaron al palco presidencial, donde me dio mucho gusto ver a colegas y ex compañeros.

El Santiago Bernabéu me hizo, como siempre, recordar con añoranza la cantidad de partidos que jugué en este maravilloso estadio.

Aunque también sentí la impotencia de ver cómo el Real Madrid no pasó del empate sin goles pese a tener muchas ocasiones claras de gol. Tanto así, que la gente a mi alrededor me incitaba a bajarme al campo a jugar y a anotar los goles que regularmente metía.

Me sentí alagado, pero también sentí que algunos sueños no se pueden hacer realidad. Cuando era niño mi sueño era jugar en el Real Madrid, pero ahora que soy abuelo mis suelos son diferentes.

En cuanto a la actualidad del Real Madrid, me extrañó su falta de eficacia, porque para jugar en este equipo, el mejor de todos los tiempos, se necesita tener arriba del 50 por ciento de efectividad.

Zinedine Zidane respaldó a sus jugadores al asegurar que no necesita ningún delantero en el mercado de invierno. Conociéndolo, lo que quiso fue darles confianza a los jugadores existentes, tocándose un poquito el corazón.

Sin embargo, uno como director técnico, y más de un equipo tan importante como el Real Madrid, no debe tocarse el corazón. Más bien debe tomar decisiones que ayuden a mejorar el desempeño del equipo.

Algo que le está haciendo falta el conjunto merengue es un centro delantero goleador para conseguir los títulos deseados para esta temporada.

 

¡Que te lo digo yo!

COLUMNAS ANTERIORES
<