Ajo y agua

Ajo y agua

La grandeza de un equipo siempre se medirá en títulos, pero para cumplir con los objetivos de cada temporada se requiere más que una extraordinaria plantilla.

Así lo demostró el Real Madrid, el domingo, con la conquista de la Supercopa de España, torneo al que llegó condicionado debido a las bajas de Karim Benzema, Gareth Bale y Eden Hazard, sus tres delanteros estrella.

Con la lesión que de última hora sufrió Benzema, su goleador en lo que va de la temporada, con 16 anotaciones, los planes del Real Madrid parecieron quedar comprometidos, sin embargo, fue entonces que volvió a relucir su grandeza, y fue gracias a su técnico, el francés Zinedine Zidane, quien prácticamente armó una revolución en su cuadro titular, con jugadores que hasta ahora habían tenido poca actividad, pero a los que en los últimos meses llevó cuidadosamente de la mano para que estuvieran listos, como si supiera exactamente el momento en que iba a necesitarlos.

A su regreso al Santiago Bernabéu, tras una temporada en la que el Real Madrid no pudo cumplir los objetivos trazados bajo la dirección técnica de Julen Lopetegui, Zidane depositó su confianza en jugadores como el brasileño Vinicius Junior, fichado ocho meses atrás, pero que fue enviado al filial y que tuvo pocas oportunidades con el primer equipo, incluso cuando Santiago Solari intentó enderezar el rumbo en sustitución de Lopetegui.

Además, Zidane autorizó el fichaje de Luka Jovic, el joven que, muy discretamente, ha respondido cuando se le ha necesitado, pese a que aún se encuentra en el proceso de adaptación a un equipo de la exigencia que tiene el Real Madrid.

Prácticamente junto al delantero serbio llegó el también brasileño Rodrygo Goes, actualmente convertido en el segundo goleador del equipo en esta temporada, con seis anotaciones.

Lo anterior es un dato para considerar debido a que el Real Madrid ha sufrido cierta falta de contundencia a la ofensiva, con un Gareth Bale al que las lesiones no dejan de perseguirlo, y un Eden Hazard que llegó el pasado mercado de verano con la etiqueta de estrella que se ganó en el Chelsea, pero que ya comienza a quedar a deber en el Santiago Bernabéu.

Caso contrario en la línea defensiva, en la que Zidane confió todo al capitán Sergio Ramos y a Raphael Varane, quienes junto a Dani Carvajal y Ferland Mendy, también traído por el francés, han conseguido que el Real Madrid sea el equipo menos goleado en la Liga española, con una marca que el club no lograba desde hace 30 años, con sólo 12 goles permitidos en 19 partidos.

Pero la elección de su plantilla no es el único punto para destacar por parte del estratega merengue, pues sus decisiones al momento de dibujar su planteamiento táctico, incluso con sus delanteros estrella lesionados, también han sido claves en el éxito conseguido el domingo, en Arabia Saudita, frente al Atlético de Madrid.

En el clásico madrileño, Zidane volvió a confiar en el cuadro titular con el que superó al Valencia en las semifinales, con cinco volantes y Luka Jovic como único centro delantero.

Fue claro que quería la posesión del balón, incluso sacrificando el juego directo que no hace mucho dio buenos resultados, cuando era Cristiano Ronaldo, hoy en la Juventus, quien comandaba el ataque de los Merengues.

Los tiempos han cambiado y su plantilla también, por lo que el estilo de juego, con dos brasileños entre sus delanteros, puede darse el lujo de tener variantes que sorprendan al rival.

De ahí la importancia en que Florentino Pérez, presidente del club, le haya otorgado a Zidane toda la facultad para diseñar y renovar al equipo, pues diez meses después de que Zidane regresó al Santiago Bernabéu, los resultados comienzan a ser positivos, ya que además de que conquistó su título número 11 en la Supercopa de España, el Real Madrid, a mitad de temporada, es uno de los dos protagonistas en la pelea por el liderato de la Liga española, empatado en puntos con el Barcelona, que, por su parte, se encuentra en medio de la incertidumbre ante la destitución del técnico Ernesto Valverde, luego de la eliminación sufrida frente al Atlético de Madrid, precisamente en las semifinales de la Supercopa de España.

Esto me hace recordar las tres Supercopa de España que gané con el Real Madrid, dos de las cuales fueron contra el Barcelona en el mismísimo Camp Nou.

La primera fue en la temporada 1987-1988, cuando, tras dar la vuelta olímpica en el Camp Nou, de camino a los vestidores, nos lanzaron infinidad de objetos, entre ellos un encendedor que me causó una herida de dos centímetros en la cabeza.

Dos años después, tras celebrar sobre el césped del Camp Nou, también comenzaron a lanzarnos infinidad de objetos, aunque esta vez nos opusimos a entrar al vestidor hasta que la policía no garantizara nuestra seguridad.

Durante la agresión tomé mis partes genitales como muestra de desagrado ante lo que ocurría, razón por la que fui castigado con un partido de suspensión, mientras que esos salvajes no fueron sancionados.

Afortunadamente ahora ya se exigen mayores medidas de seguridad y se aplican castigos a los equipos de los aficionados con mal comportamiento.

Entre estas dos conquistas está la que obtuvimos en la temporada 1988-1989, sin la necesidad de disputar la Supercopa de España, ya que en esa vez os proclamamos campeones de la Liga y de la Copa.

 

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