Como director opino ESTO

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El peor partido

Los once partidos anteriores que vimos de México, bajo el mando de Gerardo Martino, fueron un espejismo, porque eso de jugar siempre en Estados Unidos, contra rivales a modo, ya no sirve de nada. Bastó enfrentar a un rival de nivel para que quedaran al descubierto todas las carencias del Tricolor.

Todas las cosas buenas que habíamos visto en el equipo dirigido por Gerardo Martino, desaparecieron de pronto, algo difícil de entender. Fue una actuación para el olvido. Me gustaría pensar que todo fue un accidente y que realmente se tiene nivel para competirle de mejor manera a selecciones de mayor jerarquía, pero mientras se siga nadando en el mar de la mediocridad llamado Concacaf, difícilmente hablaremos de algún progreso. De hecho, los siguientes partidos para cerrar el año son contra rivales de la zona, algo que sirve de poco.

Sin embargo, siempre pasa lo mismo. Cuando vimos que algunos técnicos, como el Chepo y Osorio, tuvieron una buena racha con el Tricolor, pensamos que ahora sí se darían los pasos que nunca se han dado, y la desilusión no tardó en llegar. Tarde o temprano no faltan los equipos que nos aterrizan en la realidad, como sucedió anoche. Y ni cómo reclamar decisiones arbitrales.

México fue un desastre, pésima labor defensiva, para convertir en figura a Lautaro Martínez. El delantero argentino recibió todo tipo de facilidades y, de milagro, no metió cuatro, como Cristiano a Lituania. El partido en el Alamodome le debe dejar en claro a Martino que no todos los que juegan en Europa necesariamente deben ser titulares en la Selección. Entiendo que quiera tener contentos a todos, pero así no se puede dirigir un equipo.

Se perdieron las bases, se olvidaron los conceptos y si Osorio tuvo un 7-0 en contra, lo de anoche también rayó en el escándalo, porque habíamos visto un rostro muy positivo de México y de pronto, pum, todo se derrumbó. No se puede ser tan irregular, mostrar cierto orden defensivo en varios partidos para después recibir cuatro goles en menos de 40 minutos. Y, peor aún, se tuvo todo el segundo tiempo para componer un poco las cosas, pero México ya no tuvo empuje ni ganas ni mucho menos ideas, y dobló las manos muy pronto. Preocupante.

 

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