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Mexico, 2017-03-17 11:51:15 | Pedro Peñaloza

ÁRBITROS: LA OPORTUNIDAD PERDIDA

“A partir de cierto punto no hay retorno. Ése es el punto que hay que alcanzar”.

Franz Kafka

EN la vida son pocas las ocasiones que tenemos para realizar un cambio verdadero. La inmovilidad frustrante que propicia y promueve la cúpula de la FMF vivió un sismo que dejó grietas en toda la estructura directiva. Nadie pensó o se imaginó que dentro del grupo arbitral se cocinaba un movimiento capaz de poner en aprietos a los hombres de pantalón largo. Lo nazarenos se dieron cuenta que la unión era el único medio para defender sus derechos, sabían que la Comisión de Arbitraje no los representaba y que en cualquier momento les daría la espalda. El cabezazo de Pablo Aguilar fue solamente la llama que prendió la pólvora de un problema que se llevaba arrastrando por muchos años, a saber: la falta de representación de los árbitros ante las instancias oficiales y la autonomía de la comisión.

Antes de la cancelación de la jornada, las actuaciones de los jueces eran el núcleo y principal pretexto en las declaraciones de jugadores, entrenadores y directivos. Hablar de las fallas de los colegiados y responsabilizarlos de las derrotas se convirtió en el lugar común de las conferencias de los directores técnicos al final los partidos, es decir, se empezó a dejar de lado la autocrítica y se trasladaron los reflectores a los errores arbitrales. Asimismo, los programas deportivos dedicaban cada vez más tiempo a criticar a los hombres de negro, casi todas las empresas televisivas contrataron ex árbitros que, ayudados por las múltiples cámaras y la tecnología de la repetición se cansaron de llamar ineptos a sus compañeros de profesión. De este modo, se comenzó a formar una “cacería de brujas”, en la cancha los jugadores empezaron a perderle el respeto a la autoridad, cada vez más los futbolistas empezaron a encarar y discutir cualquier decisión, a pedir en cada falta tarjeta, los empellones y cortes de manga dejaron de ser castigados; los entrenadores, por su parte, protestaban un día sí y otro también, se metían a la cancha constantemente y hasta los directivos insultaban y golpeaban a los enviados arbitrales, recordemos al dueño de Veracruz queriendo agredir a Edgardo Codesal o a Ricardo Peláez intimidando a Fernando Hernández terminando el juego en Tijuana. En resumen, la situación se convirtió en una bomba de tiempo y la agresión de Enrique Triverio y Pablo Aguilar fue el desenlace, se veía venir pero nadie hizo nada.

Ahora bien, la presión ejercida por los árbitros tuvo éxito, lograron que se respetara los escrito en la cédula y los castigos correspondientes de un año contra Aguilar y Triverio. Pero, este movimiento era para mucho más, ya habían parado la Liga, tenían de rodillas a los federativos, era momento para exigir la autonomía de la Comisión Arbitral y Disciplinaria, así como para exigir la actualización del reglamento, uso de tecnología para ayudarlos en jugadas polémicas, mayor poder de decisión y la renuncia de Héctor González Iñárritu. Tenían de pechito a la federación para modificar la ecuación actual. Sin embargo, desperdiciaron la oportunidad, todo sigue igual, nada cambió. Lo que pudo ser un movimiento trascendente se quedó en una pírrica demostración de fuerza. Tiraron por el caño una grandiosa oportunidad. Lástima.

Algo Más. ¿Y los jugadores cuándo? Es de llamar la atención el egoísmo y el miedo que impera en los actores principales de la Liga Mx para formar una organización gremial que proteja sus derechos y que en verdad los respalde. Si los árbitros pusieron en aprietos a los dueños de los equipos, que no conseguirían los futbolistas.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz