Gachupineando

Gachupineando

El Juli versus Federer

Cómo hicimos para que un deporte caro y elitista llene La Monumental de México, mientras que un espectáculo del pueblo, los toros, no logra reclamar más allá de un puñado de gentes. Yo se lo diré. Con toda naturalidad hemos hecho del tenis y los Federer un algo natural en nuestras vidas; el tenis pertenece a nuestra naturalidad vital. Al revés, hemos hecho de la tauromaquia algo anti natural: no natural. Ya no está en nuestras vidas, en nuestro día a día. Mi generación creció entre la Tauromaquia. Los toreros formaban parte de nuestra vida. Informativos de telediarios, corridas televisadas en abierto, programas de radio de nivel nacional. En cada esquina estaba el toreo, en cada televisión, en cada hogar, en la calle, en el bar, entonces el toreo era natural con nuestras vidas. Pertenecía a la naturalidad de este mundo diario. Por eso sociedad y toros se daban la mano de forma afectuosa, con naturalidad. Pero un día, el poder económico del animalismo, el mascotismo, los nuevos preceptos de una falsa moral y hasta de una falsa ecología, prohibieron el toro en el día a día, lo expulsaron de lo cotidiano, lo satanizaron y demonizaron, lo acusaron y lo estigmatizaron de tal forma que las siguientes generaciones han nacido sin la tauromaquia, y, más allá, han nacido contra la tauromaquia. No sale en la tele sin pago, a la hora de comer, en los informativos no se habla en la radio. No existe. Pero no existe porque no exista. Existe. No existe porque la han declarado violenta, ruin, perversa, cavernaria. Han elaborado un cordón sanitario para aislarla de cada hogar, de los colegios, de nuestro día a día. Al mismo tiempo Ellesse, Adidas, Nike, Puma, Lacoste, han blanqueado una pelota verde y cara que se golpea con una cosa llamada raqueta, muy cara, con atuendos caros y que se practica uno contra uno o dos contra dos y que existe porque existen las marcas citadas y porque las televisiones del mundo mundial han hecho el milagro de hacer de lo elitista algo del pueblo. Han logrado que sea natural, del día a día, de tal forma que hasta el panzudo y el marginal vitorea y sueña con pegar un drive o eso que se pega en el tenis cuyo lenguaje anglosajón es una mamada de un deporte británico elitista sectario que ya se ha convertido en popular. Mientras lo popular, los toros son la barbarie, síntoma y símbolo de nuestro atraso latino de pendejos sin remedio.

COLUMNAS ANTERIORES
<