Gachupineando

Gachupineando

Joselito Adame

Ser profeta en tierra nacida es asunto difícil. Ser un consentido en México es algo soñado. De mis paisanos, Capea o Camino. De mis paisanos y colegas, un expatriado: Pepe Alameda. Posiblemente el más grande si yo me cuento. Digo esto porque la vida te muestra cuestiones muy definidas acerca del mérito del talento o su reconocimiento, que te obliga a premiarte a ti mismo. No por vanidad, que también, sino por auto defensa. Hace casi una quincena, en Madrid les apeteció, de golpe, darme un montón de premios: dieciséis de todo tipo. Era cuando mundotoro.com comenzaba a tener su fuerza. Me dieron uno del pensé me iba a morir: premio a la trayectoria profesional. Ese lo suelen dar cuando se te va a llevar la chingada. Fui al médico: keep kalm, no me moría. Desde aquel entonces, ni uno. Alguno, pero ninguno. Como a Joselito Adame. El caso de este torero y su relación con prensa, aficionados y profesionales, es de diván de psiquiatra. Le reconocen porque no tienen más remedio. Un día, hace mucho, le dieron un chingo de reconocimientos que era la estrategia para negárselos luego. Es tan tozudo este torero que, cuando alguien le desprecia, al despreciador no le queda otro remedio que retirar ese desprecio. Es de esos casos de ser humano y torero que, cuando todo anuncia entierro, sale a flote por capacidad, cojones y talento. Es un superviviente innato, un negador de su caída. Máxima figura del toreo en México y, sin embargo, siempre puesto en tela de juicio. Al lado de una ovación hay un errequince dispuesto a darle balacera. Ya decían que se le fue el primer toro en la México el domingo y va y cuaja al segundo de su lote para tapar bocas. ¿En España? Pues miren, mal tratado. Porque ni Aguado ni Ponce, es un ejemplo, van a torear con él en mi país. Ni ellos ni ninguna figura española. El en México, él con todos ellos. A lo mejor ese ha sido su error. Las figuras españolas que venían a México, hace tiempo, luego daban chance en Madrid a Armilita, Cavazos, Zotoluco. A José Adame no. Por eso Adame cuenta consigo mismo: por si acaso no cuentan con él. Por si se les ocurre negarle el pan y la sal que tan dignamente se ha ganado.

COLUMNAS ANTERIORES
<