Gachupineando

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El arte que no regresa

¿Siqueiros? Lo puedo ver hoy. Y dentro de cien años otro. ¿Velázquez, Picasso? Están ahí y estarán para otras generaciones. Un arte que toma y se deja y se retoma y se abandona de nuevo, que se mira y que se olvida y regresa porque se puede visionar de nuevo. ¿El toreo? Es el arte que jamás regresa porque nunca nos abandona: es en un instante, y no sucede para ser visionado de nuevo. El arte del toreo, cuando es arte, es un instante para ser recordado. No necesita del soporte de un libro ni un lienzo. Tan solo necesita de un hombre con alma, esa cosa que existe sin saber dónde, que duele sin ser hueso o cartílago, esa cosa que nadie esculpe o pinta o escribe en un libro. El arte del toreo vive en ese planeta imaginario del Edén que son valles y son y montañas de las almas de los hombres que lo sienten. Y que lo recuerdan. Con una maravillosa brujería: el arte del toreo hace que algo inventado hace siglos, renazca como nuevo: una verónica, un natural, ¿quién lo inventó? Nadie y todos los que torean con el alma y que alimenta el recuerdo. Un lienzo sobre el que contar a quien no estuvo eso que erizó el vello al corazón.

El toreo y su arte solo es para la gente buena. Jamás un corazón contaminado por otra cosa que no sea la bondad y el humanismo podrá paladear el arte del toreo. Muchos miran y pocos ven. Este arte es para todos, pero exige una mirada para la que se necesita algo más que los ojos. Eso nos une a las gentes del toreo, de condición, países o estratos sociales lejanos: la sensibilidad y el talento para apreciar ese arte que sucede en minutos y que jamás podrá ser revidado, visionado. No hay video para el sentimiento ni VAR para lo que sintió el alma.

Cada vez recuerdo más instantes de arte en México a través del toreo. A través de sus gentes. Podría llenar todas las páginas del diario ESTO escribiendo los nombres de gente humana y sensible que he conocido en México. La mayoría apegada al toreo. Ganaderos, toreros, aficionados, ricos, menos ricos, gente anónima, gente del cada día. A todos les agradezco el trato humano que me dieron y conceden sin darles nada a cambio. No tengo nada para dar sino dar gracias. Desde este ser inacabado, incompleto y errado que quiero y pretendo y me exijo ser, México me hizo mejor. Si la patria no es sólo la tierra donde uno habita, sino la tierra que habita dentro, México también es mi patria. Feliz Navidad a todos.

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