Gachupineando

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Caín y Abel

Hace muchos años dije que el toreo jamás se metió en política. Y aclaro: “meterse en política” en lo relativo a introducirse en las hojas de ruta de los programas de los partidos políticos. Ha sido justo al revés. Esta es una realidad con la que debemos convivir y sobre la que tenemos que tomar decisiones. El toreo no ha ido jamás a una sede de partido alguno para meterse en su hoja de ruta. Se politizó el toreo desde los partidos políticos y no al revés. Ha sido así en España y en México. Pero con una diferencia. En mi país, lo mejor que le puede pasar al toreo es que el nuevo Gobierno formado por izquierdas, nacionalistas republicanos, populistas y derivados del grupo terrorista ETA, dure poco. Porque si dura, no lo duden, la tauromaquia desaparecerá poco a poco. Un erudito. José Ortega y Gasset dijo una vez que si alguien pretendía saber cómo le iba al país, le basta con echar un vistazo a cómo le iba a la Tauromaquia. Porque adelanto, no como profeta sino como analista, que lo que está en juego es la propia forma de Estado, La Monarquía. Y la propia construcción social del país. Porque, a diferencia de México, país nuevo y en construcción permanente, en España la historia nos lleva a un cainismo continuado. Más que en ninguna parte, en España Caín ha de seguir matando a Abel. Las ideologías de los no talentosos pasan por definir un enemigo y terminar con él. El enemigo es la historia y el pasado y presente: la tradición. Desde la Tauromaquia hasta la Monarquía. En México no existe ese revanchismo ni la necesidad de exterminar al enemigo político. No hay un guerracivilismo latente porque ningún bando perdió guerra alguna. En España, para quien tenga duda, la historia es tozuda y me da la razón. No vamos a debatir sobre el toreo y su vigencia. Vamos a asistir a su camino hacia el paredón de los fusilados. ¿Porqué? Porque, aunque no sea cierto y el toreo haya sido el espectáculo más transversal en lo social y en su momento, popular y de izquierdas, se nos ha colocado como el paradigma primero del enemigo a exterminar por un Gobierno formado por la suma de rencores y revanchas contra agravios supuestos que el toreo jamás perpetró contra nadie

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