Gachupineando

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Carlos Alameda

“Y no es obvio que para una ama de casa una chicuelina sea una chicuelina”. Eso dijo Pepe Alameda al asegurar que narra por tv una corrida de toros era lo más difícil de la narrativa televisiva. Pepe Alameda no era ni Pepe ni José. Se llamaba como yo, Carlos. Y se cumple el 28 de enero, treinta años de su muerte. Fue uno de tantos sólo en una cosa, que hubo de exiliarse a México desde España en la pos guerra. Luego de ahí fue único. Pero no sólo en lo taurino.

Carlos Fernández y López de Valdemoro fue un poeta inconcluso, un novelista casi no nato, un escritor sobre las artes y ensayista sin chance. El que sólo sabe de toros no sabe de toros. Y destacó en el mundo del toro porque mi tocayo, el más grande, era hombre culto, sensible, un genio atrevido, de personalidad fuerte. En México ha sido el más grande del periodismo y la narrativa taurina. Si lo ubico en España, el más grande también. Escuchando ahora a los narradores de la televisión, para una ama de casa una chicuelina, es por supuesto, una chicuelina. No se narra para el villamelón, para el niño, para el que no conoce jerga o intríngulis. Se trata de demostrar a una minoría (la taurina) que el que narra sabe mucho de toros. Se narra para una minoría, se escribe para una minoría, se habla para una minoría. Una de las razones por las que, claro, ya empeñados, somos minoría. El lenguaje taurino, como el poético, como el de ficción literaria, como el de la escultura, la pintura, el lenguaje del cine es culto. Si. Pero sensible. Sólo es culto y sensible cuando narramos a sabiendas de que la gran mayoría de los que nos escuchan o ven, no saben que es una media verónica. Esa forma de narrar densa, de biblioteca, reiterada en fechas, nombres, pasados sin presente, aburrida, plomiza, alejada de las generaciones que desean narrativas vivas, ligeras, sensibles, amenas, divertidas, sinceras, nada impostadas, dirigida a la minoría, logró meter a la narrativa del toreo en una minoría. Creo que la palabra culto y el ser cultos, o es como lo era Alameda, Carlos, mi tocayo, o solo es una línea plana de conocimientos en blanco y negro que no interesan más a que quien narra y su prima del pueblo, a su mamá o la novia de mal gusto

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