EN CAMPAÑA

Duro y dale. Así ha sido en las últimas semanas, a través de algunas ventanas mediáticas (léase, coloquialmente, caja idiota). El tema favorito y con sentencia unánime apunta hacia los hermanos Íñigo y José Riestra. El primero, a cargo de la Secretaría General de la Federación Mexicana de Futbol, y el segundo, en la presidencia del bicampeón Atlas. Las quejas insinúan posibles favores hacia los rojinegros, dado que una de las comisiones a cargo de Íñigo ha sido precisamente la de arbitraje.

Las suspicacias y el sospechosismo han estado a la orden del día, con todo y que el futbol mexicano es, ha sido y muy posiblemente seguirá siendo un estuche de monerías. De hecho, de no ser por lo absurdo de la suposición, tal parece que los propios dueños del balón atentan contra su propio negocio. Vea usted, si no. Hoy en día ya no existe el ascenso-descenso, lo que implica que los últimos tres equipos en la tabla porcentual estén obligados, año con año, a pagar cifras millonarias con tal de mantener a la inservible Liga de Expansión.

Además, los dirigentes dejaron escapar el roce con Sudamérica para encerrarse en la medianía de la Concacaf. Peor todavía, los clubes han atascado de foráneos a la Liga MX, la mayoría de ellos, de poca monta, lo que complica al seleccionador el proceso de elección.

En lo que atañe al tema de los Riestra, efectivamente existe un conflicto de interés, pero así está todo el futbol mexicano en su conjunto.

A tal grado de que si para el próximo torneo el América es campeón, ¿a poco van a decir que fue gracias a Yon de Luisa, otrora alto dirigente de las Águilas y del área de noticieros de Televisa Deportes? Lo que sorprende es la insistencia en torno a los Riestra y la omisión respecto al resto del panorama balompédico, que bajo ninguna circunstancia es menor.

De ahí que todo el numerito más bien apunte hacia una sucia campaña orquestada desde lo oscurito. Por eso y con tal de acabar, de una buena vez, con los múltiples golpes bajos, los jugadores de pantalón largo deberían promover la creación de una federación autónoma, así como de dirigentes independientes, porque hoy hasta Héctor González Iñárritu está de vuelta en Coapa, cuando ya desfiló por las comisiones de selecciones nacionales y la de árbitros. Sí, una auténtica pachanga.

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