Las cábalas

Leía la historia de Marcelo Gallardo y la corbata que sacó para el clásico ante Boca Juniors y no pude evitar sentir una fascinación. Debo decirlo, siempre me he sentido atraído por las cábalas. Es cierto que lo del técnico de River Plate no fue precisamente una cábala, sino un homenaje a una cábala, que en el fondo algo tienen de parecido, porque el equipo millonario ganó; es decir, que la esencia de la cábala, ese acto cuya única lógica es la fe, se impuso.

En realidad el homenaje de Gallardo fue a Ángel Labruna, un hombre ilustre en la historia de River Plate. El Feo, como le decían y le dicen de cariño, tenía muchas cosas, pero acaso esa corbata de tono azul oscuro partida al medio por tres franjas diagonales, dos blancas y una roja, constituyó uno de sus mayores legados. Para Labruna, más que un accesorio, era un amuleto. El técnico millonario la portaba siempre, estoico, con el gesto serio, y cuando las victorias y los títulos llegaban, sonreía con algo de misterio, como quien cuenta con los favores del destino. Gallardo emuló algo de aquel ritual, y el resultado, como no podía ser de otra forma, fue el mismo.

En la historia hay otras corbatas famosas, como aquella de Ricardo Antonio La Volpe que invocaba al dragón, y que lo acompañó por gran parte de su proceso en la Selección Mexicana. Las figuras garigoleadas contrastaban con los sobrio del saco negro, pero eso al técnico no le importaba, siempre y cuando las energías del Feng Shui jugarán a su favor. Aquel equipo de La Volpe se quedó cerca de hacer historia, pero los argentinos, más cabaleros que nadie, eran multitud.

Todo esto me llevó a otro recuerdo, mucho más familiar. Alguna vez mi papá me contó que mi abuelo tenía entre sus cosas una corbata azulgrana. El mecanismo funcionaba distinto a una cábala, o no sé, porque mi abuelo no la ocupaba el día del partido, o los días previos, sino que la tenía reservada para los lunes. Lo imagino frente al espejo, recién peinado, ajustándose cuidadosamente el nudo, dispuesto para salir a cualquier lado. Más allá del resultado, la corbata reafirmaba el amor a los colores, a su Barça. No sé dónde habrá quedado esa corbata, pero me hubiera gustado tenerla, sobre todo ahora, que tanta falta hace.

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