
José Ángel Rueda
9, diciembre 2021 - 4:03
Si uno busca en Google fotografías de Bill Belichick sonriendo no encontrará gran cosa; el entrenador en jefe de los New England Patriots suele ser un hombre serio. Fiel creyente de la esencia de su personaje, el “Monje” prefiere dedicar esos pequeños instantes destinados a expresar una alegría, por breve que esta sea, a pensar en su próximo movimiento. Por consecuencia, la enigmática sonrisa sólo aparece –y eso a veces- cuando el trabajo está hecho.
Una vez que sonríe el misterio no se va, al contrario, se fortalece. Por supuesto, cada gesto es distinto, condicionado por la situación, pero hay un punto en común que evoca en el coach cierto gozo contenido, ese que surge cuando la imaginación y la realidad se encuentran y de pronto, todo aquello que se piensa, pasa.
Por años, la sonrisa de Bill Belichick ha sido incluso motivo de estudio y análisis. Hay compilaciones que lo retratan en esos raros momentos. La mayoría después de jugadas extrañas y sorprendentes, producto de su genio, cuando apela a lo más profundo del reglamento.
Si dentro del emparrillado el “Monje” es un hombre serio, las salas de prensa potencian aún más esa condición. El viejo lobo de mar se planta en el estrado y responde de forma monótona, con tono de orador cansado. Si la pregunta es acerca del juego y la estrategia, se extiende, sino termina pronto y continúa con lo suyo.
El periodista Geoff Foster, del Wall Street Journal, realizó en el 2014 un recuento curioso. Según sus estadísticas, Bill Belichick sonrió un total de siete veces durante las conferencias de prensa posteriores a los 16 partidos de temporada regular. Parece mucho, si se consideran los antecedentes, sin embargo, la repartición de sonrisas involucra apenas cinco conferencias, en dos de ellas sonrío un par de veces, de ahí la cuenta.
Tom Brady, quien compartió con el coach los momentos más importantes de su vida, alguna vez dio un breve instructivo de cómo hacer sonreír a Belichick: había que hablarle de la Marina, para recordarle a su padre; de lacrosse, para recordar su infancia; de Lawrence Taylor, el mejor defensivo que haya entrenado jamás, y de Bon Jovi, uno de sus músicos favoritos. La última vez que Belichick sonrió, sin embargo, fue ante los Bills, cuando amarró un partido en el que su quarterback apenas lanzó dos veces el balón.
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