Si hay algo que me gusta del futbol es que la esperanza se renueva relativamente fácil; es decir, un equipo puede ser goleado una semana y a la otra salir al terreno de juego con las ilusiones intactas de conseguir un buen resultado. Sin ir más lejos, apenas minutos después de un partido, los jugadores y los técnicos hablan ante la prensa y ya están pensando en su próximo rival y en corregir la larga lista de errores que comprenden noventa minutos de juego. El ciclo es infinito, porque cuando termina una temporada, sea cual se el resultado siempre quedará la ilusión de la que habrá de llegar en algunas semanas, y la esperanza, por más que los presagios no sean buenos, estará renovada.

El fenómeno suele ser más fuerte con los aficionados, que a diferencia de los protagonistas directos, es decir jugadores, cuerpo técnico y directiva, tienen poca incidencia en la realidad. Al fanático sólo le toca alentar, pero sobre todo creer en que las cosas irán bien.

La prueba más palpable de esta teoría, ahora mismo, son los aficionados del Barcelona. Ya sin Messi, el equipo azulgrana lleva dos meses hundido en la más profunda miseria. Cada semana, algo de lo que fue se desmorona, y si uno es realista, la debacle del club que revolucionó el futbol con sus ideas no ha hecho más que comenzar, porque no hay recursos para salvarlo. Mal augurio cuando el equipo se llena de holandeses.

Aún así, por más que los motivos para creer sean pocos, en Barcelona guardan una última esperanza. Cada que la cosa que se pone triste, las portadas de los diarios catalanes evocan la figura de Xavi Hernández. Nada asegura que su eventual gestión sea exitosa, pero eso no importa, al menos por ahora.
Siempre he pensado que Xavi es el eslabón que sigue en la cadena evolutiva del futbol total. Que en la mente del de Terrazas habitan los conceptos de Rinus Michels, Johan Cruyff y Pep Guardiola. Que si hay alguien que puede rescatar al Barcelona del vacío de estilo en el que ha caído es él.

Alguna vez Joan Laporta recurrió a Guardiola cuando el equipo había perdido el rumbo tras unos años buenos con Frank Rijkaard. En estos tiempos donde la esperanza amenaza con flaquear sólo hay una certeza, al Barcelona siempre le quedará Xavi.

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