Jalar parejo

Jalar parejo

Por: Carlos Ruiz Villasuso

La psicológica de la distancia entre generaciones ha de ser revisada. En España, Pedro Sánchez y en México AMLO, pertenecen a dos generaciones alejadas y, sin embargo, resbalan por el cristal como dos gotas del mismo tequila. Sánchez es presidente en funciones que se piensa predestinado por Dios y, por ende, ser él mismo, presidente legítimo y legítima oposición. AMLO es presidente refrendado, pero actúa como en funciones. Aún nadie le dijo: órale, ya no eres oposición, actúa como Presidente: créete tus propias ocurrencias.

Tienen la querencia del trilelero: hacer trampas. Con una diferencia, AMLO puede que sin mala fe, creyendo que los años noventa son ahora. Sánchez con la mala fe, de hacer creer que o Yo o la Nada. Ambos gobiernan rectificándose así mismo, dirigiéndose al pueblo con los ademanes del neo caudillismo: por encima de mi, Dios y yo siempre al lado de Dios. Y, por fin, separándolos, AMLO es hasta abrazable, mientras que Sánchez camina, literal, como un chulo de barra de bar. Y ambos son producto de las reacciones contra el hastío.

En tauromaquia, AMLO tiene gente capaz de hacer de dique de contención frente a las prohibiciones. No necesita el apoyo anti tauromaquia para gobernar, barrió en las urnas. Sánchez no sólo no barrió, sino que, muy probablemente, jamás obtendrá mayoría en las urnas y vive necesitado de los partidos anti tauromaquia. Esto lo convierte en una bomba con reloj, pero defectuosa: le pones el temporizador y estalla a cualquier hora, excepto a la programada. Quizá en el mismo proceso de elaboración: en la legislatura non nata aún. Sus socios de izquierda le van a exigir el fin del toreo.

En España se da un caso de psiquiatría legal impensable en cualquier estado de derecho. El torero es actividad reconocida por Sentencia Constitucional, pero, de facto, es ilegal en muchos territorios. Puede ser que estos territorios, léase Cataluña, ya no sean España, pero no nos lo hayan comunicado oficialmente. En cualquier caso, a ambos lados del océano que atravesó Colón, el toreo tiene el mismo pedo.

Siendo, así, uno piensa: ah, chingá, y tons porque no jalamos parejo los dos países. Un frente común. Nada de reuniones de café y esas chingaderitas. Instituciones comunes con esencias ejecutivas, de tal forma que un asunto allí sea protegido por los de acá y viceversa. Un algo capaz de analizar problemáticas de los enemigos externos (aquí y allá son los mismos) y de asuntos vitales: cooperación, genética exportable y compartida, directrices comunes, vías de financiación. Y tantas cosas.

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