Las reglas y los reglazos

Las reglas y los reglazos

En cada hijo te dio

El equipo Tricolor nos la volvió a aplicar. Me refiero a que, por segundo partido consecutivo, en la Copa Oro, nos regalaron otra paupérrima actuación, calificando una vez más de panzazo, para llegar así a la gran final del torneo a disputarse el próximo domingo, en Chicago, contra la escuadra de las Barras y las Estrellas ¡Tengo miedo!

Si en el duelo de cuartos de final frente a Costa Rica el desempeño de los otrora roedores dejó mucho que desear, el encuentro contra los haitianos no cantó mal las rancheras.

El triunfo se consiguió merced a un “polémico” penal otorgado a favor de los nuestros por el colegiado Catarí, Abdulrahman Al Jassim, recién iniciado el primer tiempo extra, por una falta de Bazile, en contra de Raúl Jiménez.

He escuchado cualquier cantidad de barbaridades respecto a dicha marcación; tanto así que: ya no sé si llorar, reír o materialmente ponerme a rezar.

En la acción en cuestión, ambos futbolistas levantaron la pierna para disputar el balón. Algunos “sabelotodo” afirman que se trató primero de un “juego peligroso” por parte del ariete azteca; en virtud de que, alzó su extremidad inferior.

Bueno sería recordar que el “juego peligroso” se define como: “poner en riesgo la integridad física del adversario, sin intentar causar algún daño”; luego entonces, el pie de Raúl debería de haber pasado muy cerca del rostro de Bazile, lo que no ocurrió, para poder contemplar esa posibilidad.

Acto seguido y muy importante, el que juega la pelota limpiamente es Jiménez, para que Bazile termine dando un puntapié en la suela del zapato al mexicano.

Dar un puntapié a un adversario en forma imprudente, es una de las infracciones que la regla doce castiga con tiro libre directo y si ocurre dentro del área penal, se sanciona con la pena máxima.

Si bien es cierto que en primera instancia no se aprecia la falta; también lo es que, la repetición en cámara lenta demuestra irrefutablemente que existió el contacto que acabo de relatar para ustedes. Sin mencionar que el silbante se entraba en inmejorable posición.

Lo que me parece inadmisible es escuchar, provenientes de gente que ha vivido siempre del futbol, temerarias aseveraciones, “pateando el pesebre”, implicando oscuros intereses, sin otro argumento que su maledicente y torcida apreciación.

“Haiga sido como haiga sido”, queda una vez más demostradas la hipótesis Lalo Briziana: 1) Los de hombres de negro son las estrellas del futbol y 2) Un árbitro… en cada hijo te dio.

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