Las reglas y los reglazos

Las reglas y los reglazos

La gran fiesta del futbol mexicano recuperó la dimensión Liguilla. Luego de varios años en los que se había caído en un marasmo y los partidos se habían vuelto predecibles y aburridos, de nueva cuenta nos regalaron encuentros trepidantes y por fin la regla del gol de visitante logró regresarle el dramatismo e interés perdido.

Ya lo comentábamos en este mismo espacio la semana pasada, que la maldición del súper líder se parecía al diablo o al sancho (lo que usted prefiera) porque nadie cree en ellos; pero, sí existen.

Y en esta ocasión, no solamente cayó el líder de la competencia; sino que, arrastró, en esa vorágine balompédica, al segundo, tercer y hasta al cuarto lugar, para que sean los de abajo los que continúen con la oportunidad de ceñirse la corona.

Aunque el VAR, por momentos, se convirtió en el protagonista de los duelos, echando a volar la sinceridad, pienso que en el recuento de los daños ningún equipo se puede llamar eliminado por culpa de las decisiones arbitrales. Es cierto que existieron equivocaciones; pero, estas se fueron diluyendo con el accionar futbolístico y los resultados de los partidos.

Los que saben de futbol ya pronostican una final navideña, en donde el América debería de esperar a que los rayados regresen del Mundial de Clubes a celebrarse en Catar del 11 al 21 de diciembre; sin embargo, yo ya no me atrevo a emitir vaticinio alguno, porque uno propone, llega el chamuco, mete la cola y lo descompone.

No podemos dar por muertos a Monarcas, quien puede llegar a ser el caballo negro, ni a Necaxa; toda vez que están conformados por obreros del futbol que se ponen el overol para defender con gallardía los colores de su equipo, vendiendo muy cara la derrota.

Opino que los nazarenos elegidos para dirigir las semifinales deberían de ser, para los juegos de ida: Santander y el Gato Ortiz y para los de vuelta: César Ramos y Fernando Hernández, quienes deberán estar muy atentos, coordinándose con los encargados de aplicar la tecnología para entregar buenas cuentas. Pero sobre todo para no se convertirse en los chivos expiatorios y el paño de lágrimas de los derrotados.

Ojalá y los encuentros continúen con ese nivel entrega y pasión, que no decaiga el ánimo, que nos sigan regalando la mejor liguilla de los últimos tiempos y que nuestro querido deporte haga vibrar nuestros corazones, porque… viene lo mejor.

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