El otro día, tuve la pena de leer en Twitter que un líder de opinión se tomó el atrevimiento de afirmar que: “El VAR está matando al futbol”, situación que me movió a la reflexión. 

No lo está matando el sistema de competencia imperante en la Liga Mx, que prohíba la mediocridad al permitir que 12 de 18 equipos califiquen a la postemporada. Ni tampoco la abolición del descenso. 

No está acabando con el balompié la inseguridad en los estadios, ni la indisciplina rampante de los jugadores quienes lejos de dar un espectáculo saltan al terreno de juego a lastimar a sus adversarios, a engañar al silbante o a intentar reñir mostrando un nulo profesionalismo. 

No lo están matando los partidos somníferos que nos tenemos que chutar, ni los extranjeros de medio pelo que vienen a cambiar espejos por oro, ni los malos manejos que se hacen en las fuerzas básicas. 

No están terminando con nuestro querido deporte el “Pacto de Caballeros”, los intereses de las televisoras, ni la multipropiedad, ni los cuchupos de los promotores. Mucho menos el desprestigio que un alto directivo de un club se encuentre prófugo de la justica y que otro esté tras las rejas. 

La Comisión Disciplinaria que quita y pone castigos a petición de parte, sirviendo a intereses mezquinos. Los “periodistas” amarillistas que con tal de llevar agua a su molino son capaces de todo. Los chayoteros. El malinchismo. Convertir a los silbantes en “las estrellas del futbol”. 

Que se tome como normal que los jugadores intencionadamente salgan a perder un partido porque “le movieron el tapete al Técnico” y lo más grave, ante la complacencia y comprensión de la gran familia del futbol.  

El “cartel de pantalón largo” no se ha percatado de que vivimos en un mundo globalizado y que los aficionados ya prefieren ver jugar al Barcelona, al Manchester o al Bayern; que al Tijuana, Gallos Blancos o Pachuca. 

Que cuando le preguntas a un niño a qué equipo le va, te contesta que al Real Madrid o al Paris Saint Germain y ni siquiera conoce a las oncenas nacionales. 

Que “no les ha caído el veinte” de que el futbol ya no compite con otros espectáculos. La gente prefiere ver una película o una serie en Netflix, Blim o Amazon, que aburrirse 90 minutos frente a una pantalla plagada de comerciales que no dejan ni siquiera ver el partido. 

Para acabarla de amolar, los cambios irracionales a la regla de juego, que son difíciles de entender y asimilar para propios y extraños, están terminando por darle … el tiro de gracia.

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