Pan con lo mismo

Desde 1970, fecha en que se comenzó a disputar en el balompié mexicano, incluyendo la época en que tuve la dicha de desempeñarme como silbante, la “liguilla” se caracterizó por que se jugaban partidos trepidantes. Créanme cuando les digo que todo cambiaba: la intensidad con la que se disputaban los encuentros, con los estadios llenos a reventar, el gran seguimiento televisivo y la afición metida de lleno en las finales.

Se hablaba de que la gran diferencia consistía en que “el torneo regular se jugaba a puntos y la liguilla a goles”, será melón, será sandía o será la vieja del otro día; pero, el modelo se fue desgastando. Los equipos le encontraron el modo y como la mejor posición en la tabla les otorgaba el pase automático, los duelos se empezaron a volver muy aburridos; toda vez que, en los juegos de ida los visitantes iban a encerrase hasta con el camión atrás y en los de vuelta, completaban su “fechoría”.

De modo que, el hecho de implementar el gol de visitante como primer criterio de desempate, despertó a la gran “siesta” del futbol mexicano, devolviéndole la espectacularidad que había perdido.

Aunque algunos claman a los cuatro vientos que “era injusto”, lo cierto es que la liguilla siempre lo fue, porque le permitía a un equipo que había quedado en octavo lugar, la posibilidad de ceñirse la corona; sin mencionar que, incluso equipos que calificaron vía el repechaje se coronaron campeones

Pero, echando a volar la sinceridad, poco importaba la “justicia” en aras de la espectacularidad y el interés, tomado en cuenta, sobre todo, que las reglas eran claras y todos sabíamos de qué se trataba. Digo, en un país en donde hacer las cosas “derechas” resulta más complicado que hacerlas “chuecas”, qué de raro tiene que el sistema de competencia “mexicano” fuera aceptado por el respetable y que, con diversos experimentos y variaciones, haya sobrevivido por más de 50 años.

Todavía los partidos de este repechaje resultaron muy amenos, porque los equipos tenían la necesidad de anotar, al menos un gol, para avanzar. Ya que inició la liguilla, con puros empates a cero un equipo se puede coronar (ya en penales).

Sin embargo, todo parece indicar que en Coapa caló hondo la eliminación contra el Pachuca, en el torneo pasado, precisamente por el gol de visitante y Solari, viniendo de un país en donde el campeón es el que haga más puntos, se sintió “chamaqueado” y convenció a la superioridad de eliminar el sistema que renovó la gran fiesta del balompié nacional (es lo que yo supongo que ocurrió) y regresamos a comer … pan con lo mismo.

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