¡Cómo no te voy a querer! 

Los mariachis callaron, al sonar el silbatazo final en el vecino país del norte, los Pumas de la UNAM habían sido humillados al caer al son de tres goles por cero ante el Seattle Sounders de la MLS. 

Les comentaba, estimados lectores del Diario de los Deportistas, en mi colaboración periodística anterior que, opinando con la razón y no con la pasión, se veía muy difícil que la escuadra universitaria regresara a casa habiéndose ceñido la corona ¡Cantado vale doble! 

Echando a volar la sinceridad, pienso que el título se perdió en el Estadio Olímpico la semana pasada. Digo, los felinos llevaban una cómoda ventaja de dos goles; pero, se dejaron alcanzar y ahí se escribió la historia. 

Los Pumas jugaron con el sello de la casa, que es la garra; sin embargo, hay veces en las que (la “garra”) no alcanza y se necesita un mínimo de calidad futbolística de la que, desde mi óptica, carece el equipo. 

Tradicionalmente la fórmula que les ha otorgado dividendos es contar con una buena base de canteranos apuntalados por jugadores foráneos de experiencia y calidad. 

Hoy, la cantera parece haberse agotado y los extranjeros son de medio pelo para abajo, lo que dificulta el poder soñar con gestas heroicas de la oncena del pedregal. 

De modo que, una vez más los norteamericanos muestran su hegemonía “doblando” a los mexicanos. A nivel de Selecciones “nos traen de la cola” y ahora, también a nivel de clubes nos han hecho morder el polvo. 

Pero, síganle, prohijando la mediocridad de que califiquen 12 de 18 equipos a la post temporada, suprimiendo el descenso y el ascenso, llenando la liga de foráneos que vienen hasta de la cuarta división brasileña. Sin producir jugadores. Con el “sospechosísmo” de la multipropiedad. 

Sin reconocer el crecimiento que ha tenido la MLS, minimizándolos. Sin imitarlos en lo bueno y dejando a un lado el ahora, inmerecido mote de “El Gigante de la Concacaf” 

Y así, con la frente marchita, los Pumas regresan al terruño querido para enfrentar en la Perla Tapatía al rebaño sagrado, en el tristemente célebre “repechaje”, para tratar de obtener uno de los ocho boletos para participar en la fiesta grande e intentar contender por el título. 

En nuestro país se le tiene miedo a la palabra fracaso; pero, así fue. Veo muy poco probable que le ganen a las Chivas. 

Sin embargo, mi amor por los colores azul y oro seguirá intacto hasta la muerte … ¡Cómo no te voy a querer! 

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