¡Soy un escorpión!

Es muy probable, estimados lectores del Diario de los Deportistas, que en alguna ocasión hayan escuchado la célebre fábula (de origen desconocido; pero que, generalmente se le atribuye a Esopo): “El escorpión y la rana”.

Se refiere a que un escorpión le solicitó a una rana que lo cargara para cruzar el río. La rana, cautelosa, le cuestionó al respecto ¿Cómo sé que no me picarás? A lo que el escorpión respondió sin dudarlo un segundo: “Si hiciera eso, ambos nos ahogaríamos”. La rana aceptó; sin embargo, a mitad del río el escorpión la picó. Cuando la rana, agonizante, le preguntó ¿Por qué hiciste eso?, recibió por respuesta: “es mi naturaleza … ¡Soy un escorpión!”.

Citar esta aleccionadora fábula se debe al hecho de que mi ídolo de vida y hermano de consanguinidad se ha desempeñado durante los últimos años al frente de la Comisión de Árbitros.

Desde el mismo momento en que aceptó el cargo, sabíamos que no iba a ser un jardín de rosas y estaría sentado en un barril de pólvora.

Como era de esperarse, los hombres de negro continuaron en el ojo del huracán, sirviendo como paño de lágrimas para los derrotados y tema de conversación predilecto para los que no saben de futbol y encuentran en el arbitraje un nicho inagotable de oportunidades para polemizar.

Por favor, no me mal interpreten, sería muy iluso pretender que no existan críticas, sobre todo, tratándose de los seres más impopulares que existen en nuestro querido deporte; sin embargo, están las formas y las maneras de hacerlo.

No es lo mismo decir: “opino que se equivocó” a poner en tela de juicio, ya no digamos la capacidad (que de suyo ya no es de amigos); sino, a pronunciarse en tono de burla, al referirse a la honorabilidad del gremio al que, supuestamente, debería de otorgarle credibilidad al futbol.

Escapa a mi entendimiento que (algunos) a quienes alguna vez se consideraron como amigos, que se sentaron en nuestra mesa o nosotros a la suya (y hablo en plural), que nos abrieron las puertas de su hogar y viceversa, que trabajamos en la misma empresa o desempeñamos la propia actividad en el terreno de juego… que compartimos jubilosos el pan, la sal y el vino … hayan borrado de su diccionario la palabra “ética”.

Agradezco a la vida que nos haya dado la oportunidad de identificar, con total claridad, a aquellos que, confirmaron las palabras escritas desde el desierto: “Por sus frutos los conoceréis”, gritándonos desde el fondo de su alma … ¡Soy un escorpión!

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