La clase es de a gratis 

Lamentablemente, la gran familia del futbol (y me estoy refiriendo a directivos, directores técnicos, jugadores, periodistas, narradores, analistas y público en general) se han vuelto “expertos” en reglas de juego, razón por la cual, resulta “irresistible” para todos referirse “doctoralmente” al quehacer de los hombres de negro, olvidándose del futbol, convirtiendo a los colegiados en las verdaderas estrellas, por lo que, este espacio periodístico va dedicado especialmente para todos ellos.

Aunque es muy probable que les sorprenda, me voy a tomar la libertad de compartir tres párrafos contenidos en las leyes que rigen el balompié en el orbe entero:

1) “Las reglas del juego son relativamente sencillas comparadas con otros deportes de conjunto; pero, dado que muchas situaciones son subjetivas y que los árbitros son seres humanos, siempre habrá decisiones erróneas que den lugar al debate y a la discusión”. 

Luego entonces, la misma regla reconoce que dada la naturaleza del juego, los yerros formarán parte del mismo y darán lugar a la polémica. La FIFA no exige que los silbantes sean infalibles.

2) “Sean las decisiones correctas o incorrectas, el ‘espíritu’ de este deporte requiere que las decisiones arbitrales sean siempre respetadas”.

Para explicarlo con manzanas, se entiende que el árbitro es el garante de la moral del juego y en el dado caso de que sus resoluciones terminen por ser cuestionadas, su veredicto le otorga legitimidad al ganador.

3) “Los actores que ejercen cierta autoridad en el mundo del futbol, especialmente los entrenadores y capitanes de los equipos, tienen una importante responsabilidad en lo que concierne al respeto a los árbitros y a sus decisiones”.

Bueno sería que les explicaran a muchos personajes de nuestro balompié lo que la regla de juego espera de ellos (a quienes ejercen cierta autoridad, a los protagonistas y a los líderes de opinión); pero, echando a volar la sinceridad, me parece que sería como pedirle peras al olmo.

Digo, si en cada aficionado existe un silbante (“un árbitro en cada hijo te dio”) que se las sabe de todas, todas, recuerden o aprendan que la misma ley contempla la posibilidad de que existan yerros. No lo dice ni lo afirma Lalo Brizio ¡“Por el dedo de Dios se escribió”! 

En un deporte protagonizado por los errores, a los únicos que se les exige ser infalibles es a los silbantes; sin embargo, aunque usted no lo crea, es una situación que está prevista y avalada por la regla que rige el deporte más popular del mundo. Por esta vez… la clase es de a gratis.

 

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