Las reglas y los reglazos

Las reglas y los reglazos

LA DECEPCIÓN NACIONAL

Copas del Mundo iban, Copas del Mundo venían pero él jamás quitó el dedo del renglón, la ilusión de su vida era convertirse en timonel del equipo de todos, no cejó y por fin su sueño se hizo realidad, será el encargado de dirigir los destinos de la Selección en el ciclo mundialista.

Su elección como DT nacional fue por aplastante mayoría, prácticamente unánime y no era para menos, por un lado el hartazgo de la afición, jugar con el mismo sistema, sin variantes, permitiendo que los promotores metieran la mano para sacarla llena de billetes y salir como el Jibarito: “locos de contentos con su cargamento”, le ayudaron en su avasallante triunfo. Y por el otro, las irresistibles promesas de trasformar el futbol mexicano con una verborrea cargada de ofrecimientos, entre las cuales se encontraba, por supuesto el de llegar por lo menos, al ansiado, quinto partido, con posibilidades de poder disputar la gran final, sedujeron al respetable.

Bajo su batuta, se corregirán añejos vicios que han aquejado el desempeño del balompié nacional. Con una mágica estrategia consistente en convertirse en “un ejemplo viviente”, la gran familia del futbol lo seguirá, para terminar con la violencia que campea en los estadios, situación que se ha vuelto más preocupante. Los dobles contratos, la multipropiedad y el “pacto de bandoleros” serán cosa del pasado.

Nadie en nuestro querido deporte, podrá recibir un sueldo superior al del Director Técnico nacional. Haciendo apología de la democracia, fiel a sus promesas, someterá a consulta la construcción del nuevo estadio, para que sea la afición quien tome la decisión final sobre el magno proyecto.

La preocupación ha invadido los corazones de nuestros jugadores que se desempeñan en el viejo continente; toda vez que, durante su mandato se prescindirá de futbolistas “fifi”. Se ha negado terminantemente a que el equipo viaje en el avión privado, por lo que a partir de ya, deberán hacerlo en líneas comerciales o en democrático autobús.

Desde el fondo de mi corazón espero que, por lo menos, la mitad de sus promesas se cristalicen en realidades, lo que se antoja difícil, por no decir imposible. Son tantas las esperanzas que los aficionados han cifrado en el novedoso sistema de juego, que no se podría tolerar, como ocurre cada cuatro años, otro fracaso.

Ojalá y el equipo responda, que en Qatar 2022 podamos presumir que hemos salido de la pobreza extrema balompédica y que no se hable, una vez más, de… la decepción nacional.

COLUMNAS ANTERIORES