Mi vida sin el deporte

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 Qué tristes serán los días sin Messi

Por José Ángel Rueda

Ayer, cuando revisaba por enésima vez You Tube, me salió en las recomendaciones un video que ya había visto hace algunos años. Messi es un perro, decía el título. Se trata del relato del escritor argentino Hernán Casciari y su loca teoría de comparar a Messi con las andanzas de Totín, su perro. La idea, que parece loca, toma sentido cuando en las imágenes se aprecia al jugador argentino esquivando patadas, zafándose afanosamente de los jalones de defensas desesperados. Los ojos de Messi, en la mayoría de las secuencias, se mantienen  fijos en la pelota, atentos a su movimiento, igual que Totín al momento de jugar con las esponja para lavar los trastes. Cuando quise verificar la veracidad de sus palabras, tomé una tortuga de peluche y se la aventé a Tuno, mi perro. Sus ojos al momento de pegar el salto para ir en busca de su juguete también se parecían a los de Messi.

Parece mentira, pero es verdad. Estos días de encierro han resultado provechosos para los que estamos acostumbrados a ver futbol todo el tiempo. Si uno busca en Google la palabra futbol, al momento aparecen 505 millones de resultados. La baraja de posibilidades es amplia e interminable, y entre otras cosas, uno puede dilapidar sus horas viendo videos de Messi, todos los que quiera, hasta la teoría de que el argentino es el único animal en el mundo capaz de jugar al futbol.

Después de eso me seguí con otros tantos, el de sus mejores goles, por ejemplo. En todos los conteos, el que le marcó al Getafe en la Copa del Rey ocupa el primer lugar, en parte porque es un golazo y en parte también porque su parecido con el que le anotó Maradona ante los ingleses es francamente asombroso, aunque es cierto que a mí me gustan más otros goles. Quizá , si tuviera que quedarme con uno, sería con el que hizo al Real Madrid en el Santiago Bernabéu, en las semifinales de la Champions League del 2011, esa jugada que comienza con Busquets pisando el balón en los tres cuartos de cancha, en un tiempo lento, como esperando el vértigo. El vértigo llega con la aceleración del argentino, que con el puro cambio de ritmo le alcanza para llevarse a tres. La jugada termina con un sutil disparo cruzado ante la salida inútil del mítico Iker Casillas.

La antología de videos sigue con títulos extravagantes como “La magia de Lionel Messi” o “25 jugadas que solo Lionel Messi puede hacer”. Ahí aparecen otras jugadas históricas. Una de las más recordadas fue la que le hizo a Mariano Pernía, argentino naturalizado español. En la parcela derecha del Vicente Calderón, Messi controló el balón y se quedó parado unos segundos. Pernía, defensor del Atlético de Madrid, fue a apretarlo. Entonces Messi, al ver que había mordido el anzuelo, con un movimiento de cadera, lo sacó del camino. La jugada terminó en el travesaño. No sé que me hizo, dijo Pernía, años después. Lionel tiene esa virtud de agotar los adjetivos.

Es raro lo que me pasa con Lionel Messi. Lo vi debutar con el Barcelona. Lo vi marcar su primer gol. Lo vi crecer y lo veré retirarse. Será el primer ciclo completo en el que me tocará despedir al futbolista que admiro. Este parón obligado lo interpreto como un simulacro para cuando la realidad nos alcance. Qué triste serán los días sin Messi.

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