Mi vida sin el deporte

Mi vida sin el deporte

La noticia nunca se detiene

Hace unos días, cuando se comenzaron a cancelar uno tras otro los eventos deportivos, en la redacción no se hablaba de otra cosa. Al principio nadie lo decía abiertamente, pero había un temor generalizado al momento de pensar qué íbamos a cubrir las siguientes semanas. El nervio resulta justificado, somos un periódico deportivo y sin deportes la cosa se pone difícil. Quienes nos decíamos a esto pensamos que sin deportes nada tiene sentido.

Desde que empezó la emergencia hemos procurado darle el espacio que merecen a las pocas cosas estrictamente deportivas, tal vez es una manera de probarnos a nosotros mismos que no todo está perdido, que hay una normalidad esperándoos. Es lógico que los primeros días todo era hablar del coronavirus y sus consecuencias, las cancelaciones, los nuevos contagios, los calendarios aplazados, las pérdidas millonarias.

¿Qué vamos a cubrir cuando ahora sí todo esté cancelado, cuando ya no quede nada?, nos seguíamos preguntando, con insistencia, aunque ahora sí que nos sentíamos algo más inquietos, y no lo ocultábamos. No porque no se pueda generar información, eso siempre se puede, a eso nos dedicamos, hay mil cosas qué contar, pero no es lo mismo hacerlo cuando todo pasa que cuando no pasa nada.

Nuestro pesimismo desbordado, sin embargo, ha encontrado respuesta inmediata. Contrario a nuestros pronósticos, en todo este tiempo la información no ha dejado de salir con su acostumbrado ritmo frenético. No hay día que no surja una noticia importante. Desde luego, la resolución del Comité Olímpico Internacional de posponer los Juegos Olímpicos de Tokio nos ha mantenido ocupados, al menos más de lo que pensábamos estar a estas alturas. Ahora estamos a la espera de conocer las nuevas fechas, dicen que pueden ser en primavera, pero hay que esperar a que acomoden el calendario.

La emergencia nos ha obligado a irnos a nuestras casas. Ayer tuvimos nuestra primera junta a través de una video llamada. Es raro trabajar así, a distancia, las bromas llegan tarde, los micrófonos se quedan prendidos, la imagen por momentos se queda pasmada, pero al final hemos logrado ponernos de acuerdo.

La junta no estuvo libre de tristeza, la muerte de don Nacho Trelles es una de esas noticias que nunca quisimos contar. En los seis años que llevo en el periódico, recuerdo muchos reportajes de don Nacho. Muchas fotos donde con una sonrisa lo decía todos. Una vez, cuando cumplió 100 años, mis compañeros le llevaron a su casa un pastel con la forma de una gorra del Cruz Azul. En la secuencia de imágenes, aparece leyendo un ejemplar antiguo del ESTO, su diario.

Y es que don Nacho era uno de nuestros lectores más fieles. Dice que un día, cuando era muy joven, un voceador le dijo que había salido un diario nuevo, que le iba a gustar, que era un periódico deportivo. A partir de ese día don Nacho no pudo parar. No sé si imaginó que su hazañas colmarían las páginas en sepia en los años siguientes. Yo supongo que sí. En días como estos contar sus hazañas es el mejor homenaje.

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