Cachorros rompió la “maldición” más grande del deporte

 

En retrospectiva, el séptimo juego de la mejor Serie Mundial en un cuarto de siglo no fue un dechado de virtudes: cuestionables decisiones de los managers sobre sus lanzadores, un par de carreras anotadas tras un lanzamiento descontrolado y el ponche de Javier Báez en el noveno inning tras intentar tocar con dos strikes y la carrera de la ventaja esperando remolque en la tercera base.

Todo eso tiene sin cuidado a los fanáticos de los Cachorros de Chicago. Había que ganar sí o sí ante los Indios de Cleveland para poner fin a una desesperante sequía de 108 años sin campeonatos.

Lo hicieron de la manera más dramática posible para cerrar una contundente campaña en la que lideraron las mayores con 103 victorias en la temporada regular. Y prepárense, que van por más.

Pero las sequías acaban con lluvia, como la cayó en el Progressive Field.

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El chaparrón se produjo en el momento más oportuno, cuando se temía otro infausto desenlace para el equipo de Chicago, torturado durante décadas por la maldición de una cabra, que si la mala suerte de un gato negro y el recuerdo de Steve Bartman.

Durante buena parte de la noche, los Cachorros se encaminaban a un triunfo sin sobresaltos hasta que Aroldis Chapman – su cerrador- permitió un doble remolcador a Brandon Guyer y luego un jonrón de dos carreras a Rajai Davis, para dilapidar una ventaja de tres carreras con dos outs en el octavo episodio.

Con la pizarra empatada 6-6 tras nueve innings, los umpires decidieron interrumpir el juego debido a la lluvia en una noche de otoño inusualmente cálida. El cubano Chapman se puso a llorar desconsoladamente tras sacar los tres outs del noveno.

Lo que parecía otra debacle acabó en delirio, en gran medida a una intervención de oratoria de Jason Heyward, el jardinero que habían adquirido en la agencia libre por 184 millones de dólares.

Heyward, quien bateó para .104 en la postemporada tras un decepcionante primer año en el que solo conectó siete jonrones, reunió a todos en la sala de pesas del estadio.

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Esos 17 minutos de pausa sosegaron a los Cachorros, que reaccionaron para imponerse 8-7 tras 10 innings, convirtiéndose en el primer club en coronarse campeón que ganaba los últimos dos partidos fuera de casa en una Serie Mundial al mejor de siete desde los Piratas de Pittsburgh en 1979.

«La mejor demora por lluvia de todos los tiempos», exclamó Anthony Rizzo.

También fue el cierre de una temporada ideal de Grandes Ligas, una industria que mueve 10,000 millones de dólares.

David Ortiz y Alex Rodríguez, figuras emblemáticas en las últimas dos décadas, dijeron adiós con distintos matices. «Big Papi» Ortiz por la puerta grande, al recibir el dominicano homenajes en estadios visitantes, y conectando 38 jonrones para Boston a sus 40 años. A-Rod no pudo llegar al final de la temporada, esencialmente forzado al retiro con los Yanquis, que aún le debían 27 millones.

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La tragedia sacudió la última semana, cuando José Fernández se mató junto a dos acompañantes en un accidente náutico en Miami. El pitcher cubano, una estrella que apenas despuntaba a sus 24 años, era parte de la nueva generación de talento.

Foto: Twitter Marlins

Foto: Twitter Marlins

 

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