Adame a cuerpo limpio como las figuras mexicanas de antaño

Mexico, 2017-05-28 15:22:34 | Redacción ESTO

 

POR MARYSOL FRAGOSO

Con la oreja cortada ayer en Madrid, Joselito Adame ratificó que siempre estará dispuesto a demostrar con hechos el costo de sus decisiones y de sus palabras. El sábado regresó a Las Ventas de Madrid a un año de haberle dado un rotundo no a la propuesta que entonces le hizo el empresario en turno en el coso de la capital hispana. Por ello, el público sabedor de ese gesto, los esperaba con inquietud pero sobre todo con respeto.

Si bien la tarde no rodaba por un camino de pétalos de rosas, ahí estaba el hidrocálido Joselito Adame para hacer valer su posición de figura mexicana. Y, para abrochar su faenar, remontó a los aficionados a una antigua estampa que dos diestros mexicanos hicieron vivir en esas tierras madrileñas a los asistentes a los festejos ocho décadas atrás. Entonces, el espíritu de Luis Castro El “Soldado” y de Lorenzo Garza  flotó por la arena entre los aires renovados de Joselito Adame.

En el coso venteño, quizá muy pocos conocían que Luis y Lorenzo se midieron cinco veces en Madrid a razón de dos como novilleros y el resto como matadores de toros. En una de esas tardes; concretamente en la del 29 de julio de 1934, lidiaron novillos de Gamero Cívico con los que ejecutaron grandes faenas pero, por sobre esos trasteos, sorprendieron a la asistencia de entonces al tirarse a matar.

Tras torear al segundo toro, El “Soldado” dejó de lado la muleta, según relatan la crónica de Eduardo Palacio en el Diario ABC, y, únicamente, armado con un pañuelo de bolsillo, ejecutó la estocada; mientras que Lorenzo se tiró a matar al cuarto astado, desprovisto de la franela, literalmente a cuerpo limpio. Aquello fue la locura.

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Ahora 83 años después ha sido su compatriota Joselito Adame quien estrujó el corazón del coso, repleto del variopinto público que se reúne en Madrid, al ejecutar su versión contemporánea del valor y del pundonor al tirarse a matar a cuerpo limpio a un toro que supera con creces el trapío y la extensión de los pitones, en relación a los que hace ochenta años se lidiaban en la Iberia Brava.

El sábado tras remontar una tarde aciaga, Joselito logró la faena de la corrida ante el toro que brindó más posibilidades en el encierro de la ganadería El Torero. Entonces se perfiló y se jugó la vida toda vez que decidió no tomar otro camino. Sabía con certeza que debía dejarse encunar entre los pitones para sepultar el estoque.

Ejecutó la suerte suprema y consiguió una estocada fulminante que incluyó la inevitable cogida. Tras el embroque quedó tendido sobre la arena y un segundo después el toro cayó muerto sobre él, pero ni el peso de ese animal le quitó el gusto y en cuando fue rescatado por su cuadrilla, se pudo en pie. Irguió la figura con la certeza de que había cortado la oreja y de que el tiempo le estaba dando la razón tras un largo año de cuestionamientos y críticas.

Después, envió hacia las alturas una amplia sonrisa que reflejaba la satisfacción de saber que había que ganado la batalla. No se doblegó al destino, ni hace doce meses ni ahora. Su apuesta mereció cada gota del sudor que salió por los poros de su cuerpo para cubrirlo de gloria.

No cabe duda que esta era digital y del internet, tiene grandes ventajas, como la de ver en directo la corrida por televisión o por la red, sin embargo, sigue endureciendo la capacidad de asombro de la gente, toda vez que hace 83 años el juez y el público concedieron a los mexicanos Luis Castro y Lorenzo Garza, los máximos galardones del toreo por aquellas hazañas. Hoy por hoy, al héroe de la tarde, a Joselito Adame, únicamente se le concedió una oreja. Así de duro es el toreo en este siglo XXI donde, sin duda, tendremos el placer de verle escribir muchos más capítulos dorados en su historia taurina.

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EL DATO

Con el segundo, Luis dejó de lado la muleta y armado con un pañuelo de bolsillo, ejecutó la estocada; mientras que Lorenzo se tiró a matar al cuarto astado, desprovisto de la franela, literalmente a cuerpo limpio

EL DATO

Joselito irguió la figura con la certeza de que había cortado la oreja y de que el tiempo le estaba dando la razón tras un largo año de cuestionamientos y críticas.