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30, abril 2022 - 6:00

┃ Guillermo Abogado González

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GUILLERMO ABOGADO GONZÁLEZ 

FOTOS: MARTÍN MONTIEL 

En el Día del Niño se conmemora a la inocencia, la benevolencia, se celebra a los más pequeños de las familias, pero también a los que suelen tener más energía, a los más astutos, a los chiquitines, quienes, muchos de ellos, desde sus primeros años de vida están ligados al deporte, al futbol en particular, por lo que se genera un cariño especial al equipo de su preferencia, pero también una rivalidad a muy temprana edad contra el club poco agraciado, aunque todo eso queda en el terreno de juego. Afuera del verde el compañerismo sobresale, como debe de ser.

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En esta ocasión el denominado Clásico joven, el América-Cruz Azul, en donde juegan sus ídolos, se disputa con los ingredientes de siempre, con esa rivalidad de antaño, con ese antagonismo ya conocido y con la disputa del pase a la Liguilla y repesca del Clausura 2022, pero que ahora tiene ese aderezo especial, ese condimento particular que se juega en el Día del Niño, en un Estadio Azteca mítico y en el que por cierto se lanzarán peluches precisamente como parte de los festejos. 

Si bien la rivalidad entre las Águilas y La Máquina surgió gracias a las diversas finales disputadas y se denominó “Clásico Joven” por tener menos años de existencia que el Clásico nacional, hoy en día, desde hace ya unas décadas, esa animadversión se da a muy temprana edad, desde que los niños y niñas se visten de azul o amarillo como sucede en el Deportivo Oceanía, donde los infantes de las escuelas o centros de formación de Cruz Azul y América o América y Cruz Azul poco a poco se percatan que el vecino es non grato, pero solo en el terreno de juego, donde siempre se quiere ganar, más allá que a cierta edad predomine la frase que dice más vale convivir que competir. 

Las escuelas del Club América Oceanía y Cruz Azul Oceanía coinciden a lo largo de la semana en el mismo recinto para entrenar con miras a sus partidos del fin de semana, sólo les separa una cancha, trabajan para formar a esos pequeños en mejores personas, no sólo en ser buenos futbolistas, el deporte es un aliado que ayuda a crecimiento físico y mental, beneficia al desarrollo de la agilidad, coordinación, equilibrio, pero también al compañerismo, a la integración, no obstante, en todo ese camino los pequeños, esos pequeños tan despiertos, visualizan que a lado entrena alguien de la misma edad y capacidad pero con el cariño a otro club, a ese azul o amarillo que gusta poco. 

Los niños y las niñas poco o nada se percatan que el futbol o el deporte en general les ayuda en diversos aspectos, ellos solo juegan con una ilusión, por un sueño, que es ganar y llegar a ser ese jugador profesional, a donde pocos tienen el privilegio de llegar, pero que en ese camino se dan cuenta que ser de Cruz Azul o América es especial y que al rival hay que ganarle donde sea y cómo sea, pero sin dejar de lado esa inocencia, esa pureza que se plasma en los partidos, donde los padres de familia y los entrenadores son ese soporte primordial para llevarlos por el camino correcto. 

Algunos quieren ser los Jesús Corona o Guillermo Ochoa del mañana, pero también hay quienes quieren ser los “Cata” Domínguez o Jonathan dos Santos y otros más lejos desean emular a los Cristiano Ronaldo o Lionel Messi. El trayecto es largo pero los sueños son firmes y desde a corta edad descubren que el inicio, ese primer paso ya se dio, sin importar, en algunos casos, que ese cariño por los azulcremas o cementeros se logró por la influencia de los padres

El futbol no deja de ser un juego y más a su corta edad, sin embargo, es una realidad que a nadie le gusta perder y mucho menos contra América o Cruz Azul. Como niños solo piensan en jugar, en divertirse en patear el balón, poco les gusta ese trabajo de coordinación, de acondicionamiento físico, pero que resulta importante en su desarrollo. Ni siquiera el agua les espanta a su edad, a veces les toca entrenar con algo de lluvia sin problema alguno, la disfrutan, pero cuando es más fuerte la preocupación de los padres de familia y entrenadores se impone para suspender las sesiones aunque si fuera por ellos seguirían. 

Juegan en América o Cruz Azul con el anhelo de ganar cada ocho días, de continuar en este camino en busca del sueño, les falta tiempo, pero cuando menos lo esperan esa niñez pasará a ser una etapa más en la vida, por lo que toca disfrutar al máximo como así lo dejaron ver a la lente de ESTO, claro está con el permiso de sus padres.

 

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