El padre de Haaland llegó como ídolo al Manchester City y tuvo un trágico final

JOSÉ ÁNGEL RUEDA

Foto: Reuters

Cuando Erling Haaland salga por primera vez al campo del Etihad vestido con la playera del Manchester City, el público inglés vivirá un dejavu. No será la primera vez que el apellido se lea en el azul celeste de la camiseta, hace algunos años el padre del delantero ya defendió esos colores y la historia, aunque empezó bien, terminó mal, con una lesión que le costó su carrera. El poderoso atacante, dos décadas después, buscará tomar una revancha familiar y llevar a los “Cityzens” a lo más alto.

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El trágico relato de Haaland padre tiene lugar a principios de la década de los 2000. A diferencia del hijo, Alf-Inge Haaland jugaba de mediocampista defensivo. El noruego, con su rubia cabellera, gozaba de un físico imponente que a menudo lo llevaba a tener roces con los rivales.

Luego de debutar en el Bryne FK de su país, Haaland dio el salto a Inglaterra, con el Nottingham Forest, club con el cual disputó 79 partidos antes de fichar con el Leeds United, en 1997. Fue precisamente con los pavos reales con quienes comenzó a gestarse una rivalidad que años más tarde le costaría uno de los momentos más difíciles de su carrera.

En un encuentro con el Manchester United, Haaland y Roy Keane disputaron con fuerza un balón. El futbolista de los Red Devils pisó mal y en la mala fortuna se lesionó los ligamentos de la rodilla. El noruego pensó que todo se trataba de una simulación y con su rival en el césped le gritó que dejara de simular infracciones y se pusiera de pie. Keane no respondió, sin embargo, no olvidó las palabras del mediocampista.

LLEGÓ LA VENGANZA

Más allá de que ambos mediocampistas se enfrentaron en un par de ocasiones más bajo los colores del Leeds y el Manchester, fue en el 2001 cuando todo cambió. Haaland recién había fichado con el Manchester City, uno de los rivales más enconados de los Diablos Rojos.

Durante el derbi de aquella temporada, Keane y Haaland volvieron a verse las caras, solo que con un ambiente mucho más hostil. En una jugada, sobre el final del partido, el mediocampista de los “Cityzens” y el del Manchester United disputaron un balón dividido, fue ahí cuando Keane aprovechó para tomar venganza de aquellas palabras que tanto habían dolido. El irlandés se desentendió por completo del balón y soltó una plancha directa a la rodilla del noruego, quien cayó severamente lesionado.

Ante la dureza de la falta Keane fue expulsado de forma inmediata, sin embargo, antes de abandonar el terreno de juego se acercó a Haaland y le dijo: “Toma esta, bastardo, y no vuelvas a mirarme burlándote de falsas lesiones”, según confesó años después el propio Keane.

A pesar de que Haaland terminó el partido y una semana después disputó 68 minutos del duelo ante el West Ham, días después tuvo que ser operado debido al daño que generó la dura entrada de Keane. De ahí vino un calvario del cual nunca pudo recuperarse. Tras la lesión apenas disputó 34 minutos con el City, hasta que finalmente optó por retirarse en el 2003. Casi 20 años después, un nuevo Haaland, su hijo, buscará la gloria que el padre no pudo encontrar.

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