Don Nacho Trelles y el ESTO, un mismo camino

JOSÉ ÁNGEL RUEDA 
FOTO: ARCHIVO ESTO
Don Nacho Trelles solía relatar el momento en el que conoció al periódico ESTO con la fuerza en el detalle que ofrece la primera vez. Tenía 25 años, jugaba en el Necaxa, aunque el amateurismo de entonces, cuyo pago era apenas una remuneración por ayudar a repartir los recibos de luz, lo obligó a buscar desde muy joven sustento en una fábrica. Entonces, una mañana, a punto de entrar a trabajar, un voceador se le acercó y le ofreció un periódico nuevo. “Le va a gustar, es de puros deportes”, fueron la palabras del hombre, así que don Nacho no se lo pensó demasiado, y lo compró.
El primer ejemplar del ESTO, el 2 de septiembre de 1941, no sólo dio paso a la historia del deporte relatada en tono sepia, sino que también inauguró la complicidad de cientos de lectores que encontraban en sus páginas la descripción de un concepto tan abstracto como la pasión. Uno de esos lectores fue Don Ignacio Trelles, que, al paso de los años, convirtió el momento de lectura en un acto cotidiano. 
La imagen detalla la fuerza del instante. Don Nacho se levantaba temprano y desayunaba en el vértigo de la mañana con su esposa, Doña Consuelo, y sus hijos. La lectura del periódico, sin embargo, era capaz de detener el tiempo. “Del ESTO principalmente tenía muchos recuerdos. Para él era religiosamente desayunar y leer el ESTO. Así era para todos, desayunábamos y leíamos el periódico. Era algo obligado, y si no llegaba, porque luego fallaba, teníamos que ir a ver en dónde encontrábamos uno”, recuerda su hija Leticia.
Ya después, años más tarde, cuando el futbol tenía tintes de recuerdo, el momento fue acaso más calmado. “Hay fotos de mi mamá sentada, a un lado de él, leyendo el ESTO. No era siempre, porque ella se iba a trabajar, había veces que sólo leía el encabezado y ya en la tarde se sentaba con calma a leerlo en su recámara. Tiempo después, sentados en un sillón, primero lo leía mi papá y luego lo poníamos en una mesita para mi mamá”.

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UNA VIDA  CONSTRUIDA A LADO DEL DIARIO DE LOS DEPORTISTAS

Las historias del ESTO y de Nacho Trelles siempre se encontraron en el mismo camino. Cuando el futbolista salió del Necaxa y llegó al América, en aquellos años cuarenta en los que el futbol mexicano ya vislumbraba el profesionalismo, su nombre y su cara comenzaron a salir en el diario que leía cada mañana. Un día, Doña Consuelo caminaba por la calle cuando de pronto reconoció a su novio en la portada de un periódico. Ella no sabía que era futbolista. “Pensé que sí te había dicho”, le respondió Don Nacho, apelando al sentido del humor que siempre lo caracterizó.
“Mi mamá, a raíz de que se hizo su novia y que descubrió, sin querer, que era jugador de futbol porque lo vio en una revista, reunió ella solita una hemeroteca particular de todo lo que salía de mi papá”, cuenta su hija Maru Trelles.
Los periódicos se fueron acumulando en la casa de los Trelles. Del América, Don Nacho pasó a un Monterrey recién tocado por la tragedia después de haber perdido a varios de sus jugadores en un accidente, en 1945. Fue poco el tiempo que estuvo ahí. Después vino una aventura, un tiempo breve en Chicago, cuando el futbol en los Estados Unidos era apenas un proyecto y un grupo de jugadores, entre ellos el mexicano, buscó darle cierto rumbo. Una vez de regreso en México, Don Nacho firmó con el Atlante, pero en su primer partido una fractura de tibia y peroné terminó con su carrera como futbolista. Más allá de la frustración, su carácter imperturbable evitó que cayera en el desánimo, entonces buscó la manera de mantenerse ligado al futbol. Fue ahí cuando decidió estudiar para ser árbitro y después entrenador, en el primer programa impartido por la Federación Mexicana de Futbol.
Ambos cursos los pasó con honores. El futuro técnico alternaba los estudios con la lectura de libros de psicología y del comportamiento humano, podían estar en inglés, alemán, francés y hasta ruso, pero igual veía la manera de leerlos.
La carrera de Don Nacho en los banquillos rápido dio sus frutos. Fue bicampeón en el Zacatepec, donde el recuerdo lo impone como el hombre que, con el valor de sus ideas, profesionalizó a los Cañeros. Después vinieron éxitos con la Selección Mexicana, a la cual dirigió en tres Mundiales. También fue bicampeón con Toluca y Cruz Azul, y campeón con Marte. En todos destaca el trabajo con los jugadores, quienes lo consideraban de manera unánime como un segundo padre, por los consejos que daba en la cancha, pero también fuera de ella. La clave, decía, estaba en demostrarles que sabía más que ellos. O lo que es lo mismo, en poner el ejemplo.
Los 16 títulos ganados por Don Nacho, siete de ellos campeonatos de Primera División, quedaron escritos en los periódicos. Es decir, la tradición que comenzó con los recortes de Doña Consuelo para registrar los éxitos de su esposo ahora mismo puede cubrir muros enteros. La hemeroteca que narra las hazañas del legendario entrenador está bien clasificada gracias al trabajo de su hija Maru. “Los tuvimos que planchar, los tuvimos que seleccionar por décadas, por años, por meses, por semanas, porque no había día que no saliera alguna noticia de mi papá en los periódicos. Fue una trayectoria magnífica, reseñada desde luego por los periódicos de toda clase”.

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ENTRE NACHOS SE ENTENDÍAN 

A fuerza de convivencia en los tantos Mundiales, Don Nacho Trelles y Don Nacho Matus trazaron una buena amistad que fueron capaces de conservar a lo largo de los años. Mientras el técnico gestaba su estrategia desde el banquillo, el periodista relataba las hazañas que veía en la cancha al calor de sus crónicas. Cuando terminaban los partidos los dos Nachos se encontraban y platicaban del juego. Tenían una manera similar de verlo.
“Hay una anécdota de Don Nacho Matus y el porqué se hizo tan afín a mi papá. Fue una compenetración porque a varios Mundiales fueron juntos. Se narraba algún partido y Don Nacho Matus le hacia la plática y mi papá respondía y así llegaban los artículos a México que se publicaban en el ESTO. Un día le preguntaron a Don Nacho Matus que cuál era el secreto para esa afinidad con mi papá, y respondió: Yo me di cuenta que no había que llegarle a Nacho con un hola Nacho, qué hay de nuevo, porque él contestaría que nada. Hay que llegarle con preguntas inteligentes que lo envuelvan en la conversación, él es muy platicador, luego ni lo paras, pero hay que saber llegarle”, relata Maru.

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